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Columna

Namasté

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La unión de las palmas de las manos frente al pecho, a manera de oración, acompañada de una ligera inclinación de la cabeza y la pronunciación de la palabra ‘namasté’ representa un saludo de bienvenida y despedida originario de la India que se extendió a Asia y luego a varias culturas occidentales. Se le concede el significado espiritual de “mi alma honra a vuestra alma”, o se asume como una señal de respeto.

Ese saludo ha sido incorporado a múltiples prácticas con sentido espiritual, religioso, reflexivo y de sanación; es usual entre los practicantes de yoga, y la palabra ha cobrado variadas significaciones en otros contextos, como gratitud, reverencia, reconocimiento a la dignidad, conexión, hasta interpretarse como toda una filosofía de vida.

Precisamente sobre esa interpretación se fundamentan conceptos y estilos de relacionamiento de las personas con los demás, con el universo y consigo mismas, que generan cada vez más adeptos entre quienes buscan, de manera permanente u ocasional, darse la oportunidad de romper con las angustias, los ruidos, el estrés y las pesadumbres de la cotidianidad. Un sector del turismo internacional encontró en ellos un interesante nicho de mercado al que presenta una oferta no convencional y atractiva.

Cartagena no podía ser ajena a esa tendencia, los emprendedores y visionarios Mitzy Martínez y Juan Pablo Durán dieron vida entre 2018 y 2019 a ‘Namasté Beach Club’, ubicado en la Isla de Tierra Bomba, que busca reivindicar la cultura indígena ancestral colombiana, su cosmovisión y su poder sanador.

Se ofrece como un “centro holístico, club de playa, restaurante y hotel”, en el que adicionalmente a las comodidades de un buen resort, cuenta con un amplio jardín Zen, una casa de medicina ancestral (Maloka), creativas decoraciones con elementos naturales en sus cabañas y espacios abiertos, y una programación que incluye masajes relajantes, dos jornadas diarias de yoga, una de meditación y una ceremonia de fuego. “Es un espacio de tranquilidad con baja vibración para escuchar música suave, el canto de las aves y las olas del mar, en el que se puede conectar con el interior”, explica Juan Pablo.

Namasté es un hotel sustentable, enfocado en bienestar, mejoramiento de la calidad de vida de sus visitantes, empleados y de la comunidad; un “negocio verde, con certificación de Cardique, que recibe frecuente flujo de visitantes internacionales, nacionales y locales en paquetes corporativos, familiares, de parejas o individuales”.

Su consolidación en tiempos de post pandemia se refleja en la apertura hace un año de una sede en San Andrés, y en la exploración de enlaces estratégicos con otros centros de bienestar que proponen reivindicación ancestral con una ruta desde Cartagena hasta La Guajira. Una experiencia diferente a la rumba pesada, desorden o ruidosa integración que impera en el ambiente turístico de la ciudad y del país.

*Asesor en comunicaciones.

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