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Columna

Sextorsión

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Decir que el mundo está en constante evolución es una afirmación obvia. Hoy está normalizada la invención de herramientas e instrumentos que permiten transformar nuestro entorno y, por supuesto, adaptarnos a él. La tecnología, por ende, ha sido fundamental en ese proceso evolutivo del ser humano. Pero, contrario a lo que podría creerse, también tiene aspectos negativos que deben regularse con el fin de evitar atropellos contra la dignidad de las personas.

La era digital nos ha otorgado un poder sin precedentes para compartir información y conectarnos, pero con este poder también viene la ineludible responsabilidad de proteger nuestra privacidad y seguridad en línea. Sin embargo, la intimidad, una vez compartida en confianza, puede convertirse rápidamente en un arma en manos equivocadas.

La tecnología e intimidad constituyen uno de los escenarios delicados por donde cruza una delgada y oscura línea del crimen. En este camino digital nació un fenómeno denominado “sextorsión”, que se refiere a la práctica de chantajear a una persona utilizando material sexualmente explícito o comprometedor, como fotografías o videos íntimos, para obtener algo a cambio. Esto puede implicar amenazas de publicar el material en línea, enviarlo a familiares o amigos, o utilizarlo para obtener favores sexuales adicionales.

Esta nueva amenaza es un recordatorio de que nuestras acciones en línea pueden tener consecuencias tangibles y devastadoras en el mundo real. La confianza depositada en un ser querido o incluso en un extraño puede ser traicionada en un abrir y cerrar de ojos, con imágenes o videos íntimos utilizados como moneda de cambio para chantajear, extorsionar o humillar. Además, no solo destroza la vida de las víctimas, sino que también socava la confianza en la tecnología y en nuestras propias relaciones.

La educación sobre la seguridad digital y la conciencia de los riesgos asociados con el intercambio de material íntimo son fundamentales para prevenir este tipo de explotación. Además, es imperativo que las plataformas en línea implementen medidas efectivas para proteger la privacidad de los usuarios y prevenir la difusión no autorizada de contenido sensible.

Pero, más allá de las soluciones técnicas, debemos abordar las raíces profundas de este problema. La cultura de la vergüenza y el estigma asociado con la sexualidad humana solo perpetúan el ciclo de la extorsión sexual. Necesitamos fomentar un diálogo abierto y compasivo sobre la sexualidad y la privacidad, eliminando el juicio y promoviendo el respeto mutuo y la empatía. En última instancia, la lucha contra la “sextorsión” no se trata solo de proteger nuestros dispositivos y datos, sino de resguardar nuestra dignidad y autonomía como seres humanos. Pues, en un mundo cada vez más interconectado, debemos recordar que nuestra humanidad no debe sacrificarse en el altar de la tecnología.

*Abogado.

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