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Columna

El Caribe en el olvido

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Como ha sido tradicional, pareciera que el Caribe colombiano no existiera para el país, las mega obras siempre tienen un destino diferente y cuando por primera vez se plantean dos obras necesarias (la Protección Costera de Cartagena y el canal del Dique), ahora este gobierno propone que se pague por valorización el último y al primero, por los continuos retrasos de la UNGRD para cancelar sus obligaciones, está inconcluso. Por otra parte, las tarifas de energía son más altas porque le toca pagar al pueblo caribeño los costos de pérdidas de energía, como si fuese el culpable de ello. Se dejó de pagar 5 millones de dólares por parte de la nación a los organizadores de los Juegos Panamericanos y se perdió la sede de las justas en Barranquilla.

Comenzaré por el proyecto de Protección Costera de Cartagena, cofinanciado por el municipio y la nación. Este proyecto costaba $160 mil millones, de los cuales Cartagena puso $60 mil millones y la nación $100 mil millones, el proyecto debía ser supervisado por la UNGRD. Desde un comienzo, por los incumplimientos de pagos de indemnización a los carperos y en los pagos al contratista por parte de la UNGRD, el proyecto arrancó con retrasos que se tradujeron finalmente en una desfinanciación de las obras y en el riesgo de que en unos pocos años, lo que se ha construido desaparezca nuevamente por la erosión y no se termine el proyecto.

La obra del canal del Dique no solo es necesaria, sino que es una obligación de la nación: debe corregir la contaminación que ha tenido la bahía desde que comenzó su operación por haber cambiado el diseño original; la nación debería “poner el pecho”, pero ahora este gobierno pretende que seamos los cartageneros, o quienes vivimos acá, quienes paguemos por valorización, como si fuésemos culpables de esta contaminación proveniente de medio país.

El incremento de las tarifas de energía a cargo de los habitantes de los departamentos caribeños es muy superior al del resto del país y, como dicen los gobernantes costeños, o se paga y se deja de comer; pero la situación no ha tenido eco en este gobierno. El presidente deja planteados a los gobernantes de municipios y gobernadores del Caribe sin ningún problema, olvida que por los votos en el Caribe resultó electo. El estallido social que previene el alcalde Dumek seguramente será la única forma para que el gobierno escuche el clamor caribeño.

La pérdida de la sede de los Juegos Panamericanos, por incumplimiento de la nación, no solo ha representado grandes pérdidas para Barranquilla y para deportistas, y la ilusión del Caribe de tener este privilegio, sino que la plata que ya había invertido Barranquilla y pagada a los organizadores tiene pocas probabilidades de recuperarla.

Conclusión: sigue el Caribe olvidado.

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