Columna

Don Edmundo

“Muy bien hubiera podido quedarse hasta enero de 2025 en la embajada de España, pero en suelo venezolano...”.

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Carlos Coronado Yances
18 ENE 2025 - 12:00 AM

Edmundo es un nombre de origen germánico españolizado que significa “El que defiende sus bienes” o “El que defiende su tierra, o su patria” hasta con la propia vida.

La frase “insistir, persistir, resistir, pero nunca desistir”, del argentino Lanusse, con cuatro verbos que seguramente en el tiempo se conjugarán, debería ser en Venezuela la consigna actual de los líderes y lideresas que con heroísmo conducen su equipo social, el partido político y la colectividad ganadora; todos soñadores con hacer el bien, soñadores con un país libre, con hogares sin desplazamientos, soñadores con reconstruir su nación basados en la propiedad privada de los medios de producción y distribución, en el intercambio libre de bienes y servicios, la libre empresa y la cultura del trabajo, en hacer el bien en silencio, democráticamente combatiendo la dictadura y su fallido modelo económico.

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Don Edmundo, después del triunfo electoral, logró asilarse en España para preservar la vida y volver a su patria vía Centroamérica, a tomar posesión como nuevo presidente de Venezuela, glorificando y honrando doblemente el noble significado de su nombre y el del “bravo pueblo”, pero hasta ahora lo planeado no ha ocurrido. Tiene 75 años y, al parecer, no estaba del todo dispuesto a sacrificarse por Venezuela, ni a defender su patria con su presencia, y optó por seguir un protocolo internacional de refugio para perseguidos, como si fuera un delincuente.

Hoy nos sumerge el presidente electo en un mundo lleno de ambigüedades. Muy bien hubiera podido quedarse hasta enero de 2025 en la embajada de España, pero en suelo venezolano.

Aceptó la sugerencia del exilio para defender la vida, los bienes, las tierras y la protección integral de la familia.

Su actitud tiene dos características del heroísmo: la valentía y el coraje, pero no es buena la impresión que al final deja este gran hombre, ni el incierto resultado del capítulo que están viviendo. Vale recordar que casi ocho millones lo eligieron y esperaban el coraje y la valentía de un héroe que hiciera honor al noble significado de su nombre hasta hacer caer la dictadura.

Don Edmundo es, sin duda, una buena persona a quien al parecer no le alcanzó el carácter para asumir lo que vendría luego de ser electo Presidente.

Ni el significado del nombre, ni la experiencia y la edad vuelven a los hombres generosos, altruistas, magnánimos, dispuestos a caminar la milla extra.

Salvo excepciones, la edad, como en el caso de don Edmundo, trae consigo el conformismo, la excesiva prudencia, y la falta de energía. No parece haber sido en algún momento de su vida un hombre enérgico y brioso. Se desempeñó como internacionalista, diplomático, profesor y escritor. No estaba hecho para un momento histórico semejante al vivido por el destacado militar “Ricaurte en San Mateo”, o al que hoy vive Venezuela con ese “amasijo de dictadores” tratando de imponer la reelección de un modelo económico podrido e inviable, o llegar al sacrificio de una inmolación porque también tiene esposa y quien sabe si la mujer estaría dispuesta a sacrificarse por Venezuela.

¿Calculó mal María Corina al seleccionar a Edmundo como su posible reemplazo…?

Quizás lo hizo por considerarlo un hombre honesto, íntegro y tranquilo que no sería obstáculo para que más adelante ella fuera presidenta. Calcularon mal al no tener una contundente estrategia para enfrentar la reacción fraudulenta de Maduro; un usurpador coronado como dictador, con fronteras y espacio aéreo cerrado, amenazante actitud y creciente crisis migratoria provocada que afecta a Colombia.

Todos necesitamos seguir con la protesta, el rechazo y el positivo pronunciamiento público de la pareja de don Edmundo y María Corina con sus seguidores, para que con bravura y júbilo inmortal, ellos y otros abandonen definitivamente la clandestinidad y sean capaces hasta de inmolarse como suicidas voluntarios en el Palacio de Miraflores, sede del Gobierno de Venezuela, sitio donde está ubicado el legítimo despacho oficial de la Presidencia de la República y no en un refugio de otro lugar del mundo.

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