Columna

Los abogados y la ética

Surge una pregunta ¿por qué los letrados se exponen a que los excluyan de su profesión?

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Orlando Díaz Atehortúa
14 MAR 2025 - 06:14 PM

“Ama a tu profesión. Trata de considerar la abogacía de tal manera que el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proponerle que se haga abogado.” (Eduardo Couture)

Es indudable, la abogacía es de vital importancia en un estado social de derecho. No obstante, algunos letrados, pese a conocer de sus deberes, no cumplen, por ejemplo, con la obligación de entregar los dineros a sus clientes, recibidos en virtud de su gestión profesional. Algunos timan a humildes ancianos de su indemnización sustitutiva, llevándolos a aguantar penurias inmerecidas.

Por ello, la Comisión Nacional de Disciplina Judicial, representada por su presidente, el Dr. Mauricio Rodríguez, radicó recientemente en el Congreso un proyecto que busca que dichos pseudo profesionales, cuando se les expida su sanción, sean obligados a reintegrar los dineros apropiados (fuera de la suspensión, con un mínimo de 2 años o su exclusión).

Las cifras hablan por sí solas. En el año 2024 fueron sancionados 1.791 abogados (no solo por faltas contra la honradez).

Surge una pregunta ¿por qué los letrados se exponen a que los excluyan de su profesión? Hace muchas décadas (más de 100 años) el gran tratadista italiano Calamandrei analizó en su libro “Demasiados abogados” sobre una de las causas de esa “decadencia moral”, poniendo la punta de lanza sobre el exceso de estos profesionales, que genera un “proletariado forense”, lo peor, muchas veces, sin estar preparados académicamente para asumir sus labores abogadísticas; en otras ocasiones, cobran honorarios muy por debajo de las tablas diseñadas para estos menesteres; otras, le quitan el poder a sus colegas sin el respectivo paz y salvo.

El jurista italiano (Ver Scribd.com) en su opúsculo enseña: “Esta crisis moral de estos profesionales se puede reconocer a través de mil indicios mínimos, pero significativos, al que esté en contacto con las clases forense, se demuestra, de qué modo, en la gran masa de letrados, especialmente entre los más jóvenes y económicamente más necesitados, se van atenuando, cada vez más, el someterse a los deberes que los abogados tienen para con el Estado y la conciencia clara de los vínculos que los liga con las organizaciones judiciales”.

Nuestro país, no es ajeno a este problema, con más de 435.950 abogados inscritos. También, lamentablemente, muchos jóvenes acuden a universidades de “garaje” o facultades de derecho “virtuales “, con pregrados de una duración aproximada a los 8 semestres. Nos preguntamos si en esos centros educativos se estudiará con rigor académico la ética y el derecho disciplinario. Creemos, con cierta certeza, que existe una ligereza, superficialidad y permisibilidad, al impartir estas importantes cátedras. Lo anterior, coadyuva a que se degrade en forma importante las calidades que deben de tener esos futuros profesionales, miembros de este maravilloso gremio.

Otro punto, es indudable, el mundo cambió, es sino leer el libro “Nexus” del gran escritor judío “Harari” que nos permite corroborar la incidencia de la IA (Inteligencia Artificial), en todos los campos de la vida. Los ambientes de las aulas están día a día más tecnologizados, lo anterior, per se, no es perjudicial en forma ostensible, las lides académicas, en la actualidad, se centran en cómo hace un profesor para direccionar a sus alumnos, para que le den un uso racional a los “Smartphone” y a las pantallas de todo tipo, para que estas ayuden a construir pensamiento, en vez de destruirlo.

Es indudable también en nuestra era se impone el rendirle un culto exagerado al cuerpo, se abren más gimnasios, se cierran más bibliotecas. Pulula la ley del menor esfuerzo de la búsqueda de una “felicidad instantánea” de las “selfies”, es muy poca la reflexión que se cursa en la actualidad, sobre los temas imperecederos de la filosofía, la ética, la verdad, la justicia.

La escuela estoica de Marco Aurelio va en retroceso, hoy, nos gobierna el hedonismo, el encuentro del placer a toda costa. El citado “Harari” en su libro “Sapiens” (De animales a dioses) nos revela que en esta “modernidad” los humanos manejamos muchas insatisfacciones, esa angustia, se rellena, a veces, con las comodidades, por ejemplo, con la compra de muchas cosas, aún, las innecesarias (consumismo). Para lo anterior, es lógico, se requiere de dinero y al no tenerlo para lo que nos ocupa, algunos abogados rompen sus diques inhibitorios, siendo fáciles presas de esa sociedad iliquida sin unas estructuras morales sólidas, realizando conductas no apropiadas, aunque saben que pueden salir perjudicados.

No todo está perdido, desde 1921, el jurista Calamandrei, hermosamente decía: “Existen todavía, por fortuna de nuestra profesión, abogados escrupulosos que consideran un empeño el honor de aceptar únicamente las causas fundadas, que miran la abogacía como un severo oficio de honestidad y no como un juego de sofismas y enredos.

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