Nos acercamos a la Semana Santa y una vez más estamos desafiados a hacer de este tiempo el que sea santo; lo será si produce en quienes hemos asumido la fe, o se inician en ella, efectos reales de conversión dado lo que se celebramos: por Cristo, la vida triunfó sobre la muerte.
Cuaresma pide situarnos en el horizonte de los cambios que tenemos que realizar, si de verdad estamos dispuestos a vivir el tiempo santo que se avecina. Convertirse es mantener la apertura al cambio, a la renovación, a no quedarnos justificando y racionalizando acerca de las situaciones del mundo, del país, de la ciudad y de la propia vida pensando y asumiendo que nada puede ser distinto, matando la esperanza en posibilidades nuevas.
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Al confesar en la fe que en Cristo la muerte ha sido vencida, esta confesión conlleva la seguridad de su presencia en la historia y en la propia vida como fuerza que impulsa nuestros deseos de vivir defendiendo la vida y rechazando todo lo que provoca muerte. Para que el tiempo que viene sea santo no basta con asistir a ceremonias y ritos, urge que ellos sean la celebración de la fe que se busca vivir, asumiendo lo que conlleva de prácticas de justicia, solidaridad, fraternidad, verdad, amor.
Y nos aproximamos a una semana santa atravesados por las confusiones que las decisiones de la política y las consecuentes reacciones generadas por las mismas, nos sumergen en la indecible perplejidad de sentir y pensar que parece que no fuera posible una salida a las mentiras presentadas como verdaderas y al cinismo de solo buscar culpables y no generar soluciones consensuadas a las problemáticas laborales, de salud, educación, maltrato y explotación inmisericorde de la tierra, quiebra de tantos valores sobre los que se han cimentado nuestras familias tradicionales. Pero seguros estamos que el resucitado nos continúa invitando a ser testigos y constructores de su Reino.
Que la Semana Santa que se acerca lo sea, porque tomamos en serio el Reino predicado por el Señor Jesucristo. Su palabra no es la de un muerto ilustre de hace veintiún siglos sino palabra regeneradora en la propia conciencia de la urgencia de caminar juntos, de escucharnos y discernir juntos para ir creando una conciencia crítica que no se deja obnubilar por las contiendas sin soluciones o la palabrería sin hechos.
Aprovechar estos días para prepararnos a las celebraciones santas es desarrollar la conciencia progresiva de ser una vez más invitados a aprovechar todos los espacios y momentos que nos posibiliten crecer en la pasión por Cristo y por su llamada a vivir el ver a Dios en cada persona y en cada cosa del universo. Que sea de verdad una semana santa depende de la decisión de profundizar y crecer en la necesidad de dar razón de nuestra esperanza.
*Teólogo Salvatoriano.