Columna

Recursos y pobreza (3)

“Además, es absurdo que la Alcaldía quiera administrarlo todo. Es imposible. Debemos establecer prioridades…”.

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Jorge Rumié
04 ABR 2025 - 12:00 AM

Conectando con mi columna llamada “Recursos y Pobreza (2)”, publicada el 7 de marzo de los corrientes, tenía pendiente la tarea de relacionar varios ejemplos de activos improductivos que tiene la Alcaldía y que pueden convertirse en ahorros y/o ingresos para mejorar el flujo de caja del Distrito y de paso, fortalecer las inversiones en nuestro principal problema en Cartagena: la pobreza.

Además, es absurdo que la Alcaldía quiera administrarlo todo. Es imposible. Debemos establecer prioridades, concentrarnos en lo importante y delegar el resto a través de licitaciones público-privadas con esquemas de “ganancia recíproca” (y reglas claras de juego), a quienes puedan hacerlo más eficiente. Siempre he dicho –y estoy seguro de que el alcalde comparte esta visión– que debemos ver el mundo en abundancia. ¡Qué bueno que venga alguien, invierta, genere empleo, dinamice la economía y que gane plata para él y para el Distrito! ¡Magnifico! Los socialistas son los únicos que ven al Estado en todas partes y por eso terminan quebrando todo. ¿Acaso no vemos al presidente, que sería capaz de quebrar hasta un carrito de raspao en pleno desierto del Sahara, con 45 °C a la sombra? Como diría un amigo: “Obvio, se pone a hablar vacuencias, se le derrite el hielo en una hora… y luego no tiene nada para vender”.

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Pero, bueno… regresando a nuestro tema, son muchos los casos de activos improductivos que pueden convertirse en generadores de ahorros y/o ingresos. Unos ejemplos podrían ser los parques, vías, muelles, parqueaderos, espacio público, mercados públicos, trasporte, edificios públicos abandonados o subutilizados, terrenos baldíos ociosos, canales de agua, playas… en fin.

Tomemos el caso de los parques. Alguna vez leí que Cartagena tenía alrededor de 150 parques. ¿Quién puede mantener bien a todos esos parques? Entonces, lo que “no” se debe hacer es repetir la experiencia del parque Flanagan, en Bocagrande, donde el 80% del sitio estaba entregado a particulares, el 20% era público y nadie lo cuidaba. La lógica sería ofrecer entre el 10% al 20% del espacio al concesionario privado (digamos para una heladería, cafetería, vivero, parque de diversiones, restaurante, vallas publicitarias, etc.) y el concesionario se encarga de mantener al resto del parque como una tacita de plata. Con lo anterior la Alcaldía no solo se ahorra su mantenimiento, sino que los parques se mantienen bellísimos para el uso de los ciudadanos. Y calculemos: ¿cuánto empleo y dinero se propicia para la economía de la ciudad?

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