Opinión

Vigencia de Kant, a sus 302 años de nacimiento

En 2016, el Congreso de la República expidió la Ley 1774, que establece sanciones penales por el maltrato animal y señala que son seres sintientes.

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Orlando Díaz Atehortúa
04 ABR 2025 - 12:10 PM

El 22 de abril se celebran más de 300 años del nacimiento de Kant, oriundo de Konigsberg (Prusia), hoy Kaliningrado (Rusia). De pronto, el filósofo más importante de la modernidad. Él señalaba que para un razonamiento en debida forma debo hacer 3 preguntas: 1. ¿Qué puedo conocer?, 2. ¿Qué puedo esperar?, 3. ¿Qué debo hacer? Sus obras, para algunos densas, para otros bellas, poéticas y trabajadas. Sus textos más conocidos son: 1. Crítica a la razón práctica, 2. Crítica del juicio, 3. Crítica de la razón pura. Son libros de casi obligatorio estudio en Derecho.

Más comprensible, otro opúsculo: “¿Qué es la ilustración?” Publicado en 1784, veamos su definición: “La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de la inteligencia, sin la guía de otro. Esta incapacidad es la culpable, porque la causa no reside en la falta de inteligencia, sino en la falta de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella, sin la tutela de otro”. (Un ejemplo: la propaganda de Goebbels, Ministro de Propaganda de la alemania nazi, nos enseñó del poder infinito que tienen las emociones en las masas, avivan el odio y/o el miedo. La búsqueda de un enemigo o a quien odiar, aun que sea tu hermano coterráneo, da resultados).

Para contrarrestar la desinformación y los héroes de papel, con pies de barro, la IA (inteligencia artificial, algoritmos) y las plataformas de las redes sociales, se requiere solidificar la autonomía individual para salir de la “minoría de edad” a que nos someten.

Kant no estuvo solo en este cometido, junto a pensadores como: Newton, Leibniz, Voltaire, entre otros, forjaron las bases filosóficas para esta forma de razonar, con independencia, que permeó en las áreas epistemológicas sobre la percepción del derecho, el principio de la humanidad, el cuidado de la naturaleza y los animales, la separación de poderes; dando lugar a los Estados Sociales y de Derecho modernos.

El filósofo razonaba que las sociedades están diseñadas para crear obediencia, los serviles del sistema y darle duro a los disidentes o a los contradictores, por ello, su divisa es: “Ten valor de servirte de tu propio entendimiento”. No significa lo anterior que ese aislamiento, no es que sea antisocial, por el contrario, ese pensar se debe unir con el uso público, para ello, en relación con la pregunta ¿El qué hacer? Se formulan sus tesis del pensar por sí mismo, razonar poniéndose en el lugar del otro y analizar siempre su postura, en concordancia con ese razonar independiente.

Para ello, utiliza la frase de Voltaire: “No comparto tus ideas, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlas”.

El pensador, para su escuela, se apuntala con otra frase, indicativa del deber por el deber mismo: “Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevas y crecientes, cuanto más reiterada y persistentemente se ocupa de ellos la reflexión, el cielo estrellado que está sobre mí y la moral que está en mi”. Así, cada cual debe de generar sus pautas morales, con un sencillo experimento, preguntando a la conciencia si la acción elegida serviría para cualquiera, en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia, es decir: “Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en una ley universal”. Así, se explaya sobre 2 puntos, el ya mencionado, la mejor perfección del hombre es cumplir el deber por el deber, que éste sea auténtico, con mi propia capacidad de razonar, sin ningún bastón de apoyo y el deber de crear mis reglas éticas de conducta, que a la vez sean universales.

Falta por enunciar un punto, sobre el principio de la dignidad humana, él recuerda: “Trata a las personas como un fin, nunca como un medio para un fin”. Lo anterior, es obvio, en contraposición a Maquiavelo: “El fin justifica los medios”. Así, no sirve de excusa, ni en la moral, ni en el derecho, ese “sentido del deber” que alegó Adolf Eichmann, responsable de la solución final, plan para trasladar a millones de judíos a los campos de concentración para su exterminio. Adolf, en el juicio celebrado en su contra en Jerusalem, sencillamente expresó que no sabía lo que hacía, que simplemente estaba cumpliendo con su deber (más claro, en el libro “La banalidad del mal”, de Hannah Arendt). Así, Kant razona que una justificativa de esta naturaleza es inviable, primero, por el principio de humanidad, no se pueden violar derechos humanos, en una forma tan flagrante y evidente y segundo, siempre cabe el resistirnos a secundar ciegamente una cadena de mando que nos impulsa a realizar este tipo de barbaridades.

Continúa señalando que nuestra conciencia moral está en la cúspide de nuestros lineamientos y ninguna voz, aun la celestial (ver la inquisición) puede pretender invocar una mayor autoridad, él nos dice que cada uno tiene la obligación de escribir el guion de su película, en esta “insociable sociabilidad”.

Para terminar, él nos señala que debe de existir formas más altruistas de pensar en relación con los Derechos Humanos, con el Derecho Internacional Humanitario, con la defensa del medio ambiente, con unas relaciones más amables con nuestro congéneres, señalando: “Las personas que tengan buen corazón irán de manera pacífica y educada por un mundo mejor. Este tipo de individuos siempre sentirán una sincera comprensión por la miseria de los otros”.

Dejó el pensador pocos segmentos sin examinar desde el campo de la ética del deber, insistió sobre la defensa de los animales: “El trato violento y cruel a los animales es íntimamente opuesto al deber del humano hacia sí mismo y tiene el deber de abstenerse de esto, buscando más el beneficio que la maldad”.

Se recuerda, solo en el año 2016, el Congreso de la República expidió la Ley 1774 de ese año, que establece sanciones penales por el maltrato animal y señala que son seres sintientes y que deben ser protegidos contra el dolor y el sufrimiento (se adelantó nuestro filósofo 282 años, sobre la ley para la protección de los animales). Su pensamiento hoy está más vigente que nunca, con regímenes autocráticos, como el que imperan en este momento en Israel, Rusia y Estados Unidos de América.

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