Columna

Colonizar las instituciones

“Este fenómeno de patrimonialización del Estado por una élite política es la colonización de las instituciones…”.

Compartir
ALFREDO RAMÍREZ NÁRDIZ
20 MAY 2025 - 12:00 AM

Parafraseando a Popper, los países necesitan dos cosas para funcionar: buenas instituciones y buenos hombres al frente de ellas. Ante el antiguo dilema sobre qué es más importante, ser gobernados por leyes o por hombres, la respuesta popperiana sería: por ambos.

Por ello, para que un país funcione no basta con que la Constitución y las leyes estén bien hechas, sino que además se necesita que aquellos que operarán con ellas sean individuos formados, capaces y, a ser posible, no corruptos.

Es decir, es importante que los ciudadanos tengan el buen gusto de elegir a alguien que tenga claros los principios de la democracia liberal (la única que existe, no se deja engañar, señora) y que esta persona, a su vez, elija profesionales preparados para dirigir las diferentes ramas de la administración pública.

Uno de los problemas se plantea cuando el elegido por el pueblo, ya sea por consideraciones ideológicas (ve al Estado como un instrumento para imponer su ideología), ya por oscuros deseos (su ideología son los billetes en su bolsillo), nombra para todos los cargos que de él dependen a personas sin mayor mérito profesional que el de formar parte de las redes de poder (de corrupción) de las que el elegido por el pueblo es el líder.

Así, nos encontramos con que los ministros, los altos cargos y los presidentes de las empresas públicas o controladas por el Estado son elegidos por motivos ajenos al mérito y solo derivados de la fidelidad al líder, la devolución de favores políticos y otros similares. Este fenómeno de patrimonialización del Estado por una élite política es la colonización de las instituciones.

El resultado en la administración es la corrupción y la discrecionalidad. En las empresas públicas es un peor funcionamiento, un peor servicio, la subida de precios y, finalmente, la quiebra, siendo, en el mejor de los casos, vendidas al sector privado y, en el peor, destruyendo el sector del que habitualmente eran operador único. Ejemplo de lo primero ha sido en numerosas ocasiones Argentina.

De lo segundo el caso quizá más espectacular es el de PDVSA en Venezuela. En todas partes los políticos sufren la tentación de nombrar a amigos antes que a profesionales. Depende de que puedan o no hacerlo que el país funcione mejor o peor.

Pero, no se engañen, a largo plazo, ninguna sociedad sobrevive a la colonización de las instituciones. Es la manera más lenta, pero más segura, de acabar con la democracia y el desarrollo.

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News
Publicidad