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Columna

El Hay Festival y la libertad de expresión

“Creo que hay un desamparo a nuestros escritores, cineastas, músicos no populares...”.

MARTHA AMOR OLAYA

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Pasó el Hay Festival y retumbaron las mismas quejas de siempre. Que dónde estaba la cuota local, que el festival más elitista de la ciudad, que Cartagena es escenario y no proyecto, y así, lo mismo que decimos una y otra vez. Me pregunto, ¿sirve quejarse? Yo digo que sí. Ha habido una mayor participación de los locales en el escenario. Quizá si tenemos que cuestionar las formas de cómo se llega, si hay una oportunidad meritocrática al respecto, o es simple amiguismo, muchos lo querrán saber, pero particularmente me refiero al respecto porque creo que la queja ha permitido la preocupación, y los esfuerzos por mejorar ese aspecto versión tras versión.

Ahora bien, creo que les pedimos mucho a los eventos que usan la ciudad como escenario, pues la culpa no es estrictamente de sus dueños o promotores. A ellos se les permite su negocio acá, la ciudad se regocija porque “son oportunidades”, “ganamos todos, hay que traer turismo”, y nos llenamos la boca, pero se queda en intención y muchos locales, con las expectativas rotas.

Tuve la oportunidad de participar en la mesa redonda ¿Cuáles son los límites de la libertad de expresión en los eventos culturales? Un interesante ejercicio de la agenda Hay Joven. Con el título, creí que podría tratarse de esa necesidad de autovalidación del evento, para ponernos a pensar y contrarrestar situaciones como las del rechazo o la crítica que recibió por traer a María Corina Machado, hecho que hizo que algunas voces de la literatura retiraran su participación en rechazo, como fue el caso de Laura Restrepo, Giuseppe Caputo y Mikaela Drullard, quienes cuestionan las acciones del personaje por respaldar intervenciones militares que afectan la soberanía de un país o por ser aliada de pro genocidas.

Al respecto diré que tanto estos escritores están en su soberana libertad de hacer lo que hicieron, pues de alguna forma los hace sentir coherentes y sentar postura, en responsabilidad con sus voces que pesan, influyen y de las que se espera precisamente una reacción. También, el Hay Festival, en su espíritu y filosofía, está en su soberano derecho de traer voces polémicas, de eso se trata “conversar”, no es escucharnos a nosotros mismos, todo el tiempo, es poder desarrollar la capacidad y la posibilidad del pensamiento crítico, con el cual, al escuchar los argumentos, se pueda, sin intermediarios, sin medios hegemónicos, sin influencia, identificar la falsedad, la verborrea, los intereses de fondo, y desestimar el valor o no de los argumentos que esboza el poder para justificarse. Particularmente, me gusta que haya esa posibilidad.

Volviendo a la mesa redonda, que por cierto, no tocó ese tema, me llamó la atención a dónde se fue la conversación: a) Sobre los límites de la libertad de expresión, me sorprendió lo habituados que estamos a la censura y a la autocensura, al punto de normalizarla y hasta exigir unos límites más estrechos que los avalados por el derecho mismo. En ese punto, es evidente el daño que nos ha hecho la sociedad en la que vivimos. b) Sobre el elitismo del Hay Festival y la exclusión de los locales: sí, es un evento costoso y para la élite (especialmente la bogotana), nos falta dinero, participación, apertura, representación, voz, espacio, lugares. Y eso, más que responsabilidad del evento, es de nosotros: no hemos logrado una política pública inclusiva de la cultura, ni de formación de públicos, ni una entidad que vele por accesos y participación reales, es perentorio que la política local de cultura sea entendida, interpretada y también, sobre un aspecto de ella, educada, compartida, pues somos mucho más que el Festival del Frito, del Pastel, de artesanías. Particularmente, creo que hay un desamparo a nuestros escritores, cineastas, músicos no populares. Quisiera saber si alguna entidad los tiene mapeados y levanta la mano por ellos para pedir a estos eventos que toman a Cartagena por escenario que les den “visibilidad”, espacio y voz (hacer respetar la plaza).

Sobre la libertad de expresión diré que sí, es válido boicotear a María Corina, al mismísimo Hay Festival y a esta servidora por expresar su opinión.

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