Merece aplausos lo que viene haciendo el alcalde en Cartagena. Construyendo parques, escuelas, equipamientos, mejorando vías, renovando sectores deprimidos. Asombroso por la sequía de obras públicas que tuvimos en las alcaldías anteriores, pero que en realidad eso es lo que tiene que hacer un buen alcalde. Preocupa mucho que, a pesar de tanta cosa buena, la ciudad mantiene unos niveles de pobreza aterradores, y ningún gobernante ha querido atacar con determinación. Y no solo se hace combatiendo el hambre con los comedores comunitarios, entre ellos el que mantenemos sin ayuda estatal en nuestra Fundación Corazón Contento. Sino que hay que enfocar la pobreza de otra manera, a partir del adagio que dice que no hay que regalar el pescado sino enseñarlo a pescar.
Mientras tanto, la pobreza monetaria crece descomunalmente, las necesidades básicas insatisfechas son asombrosas, la desigualdad en coeficiente Gini sigue creciendo preocupante. ¿Somos acaso una ciudad de mentiras?
No es posible que la ciudad donde se hacen jardines versallescos viva una ciudadanía donde cuatro de cada diez habitantes no pueden cubrir su canasta básica. Sin mencionar siquiera la pobreza monetaria extrema, por la que ciudadanos se van a la cama sin probar bocado alguno. ¿Somos acaso un falso positivo?
Qué hay que hacer en esta ciudad indomable, difícil, con una población resentida por un pasado que hay que superar con un presente que necesita atención inmediata y soluciones reales en educación y empleos. La educación, factor de cambio, sigue siendo todavía a largo plazo, mientras el hambre golpea los hogares. A pesar de que se vienen realizando muchas obras públicas, son insuficientes para cubrir el desempleo.
Es relativamente fácil propagar la semilla del bienestar por la riqueza que presenta como ningún otro el territorio. Hay que poner a marchar la riqueza de la ciénaga de la Virgen, vecina de un territorio donde precisamente se asienta la pobreza. A través de la normativa, es posible quintuplicar el valor de la tierra y convertir en propietarios ricos a sus habitantes, mejorando los índices de construcción. Continuar con la legalización de predios cambiando el uso del suelo y mejorando las densidades de ocupación.
Sacar de la informalidad el 70% de las Pymes. En el marcado Bazurto, donde se mueve tanta riqueza, en casi todos los negocios, incluida la oferta gastronómica, hay una informalidad del 80 %. Hay que entender que la formalización y la contabilidad son la columna vertebral de la abundancia.
Aplausos al unísono para Dumek, pero la próxima Alcaldía tiene que atacar con decisión este problema que crece y que no es advertido, porque la población tiene gran capacidad de soportar. Nuestro plan de desarrollo tiene que ser muy diferente a otros por nuestra condición de ciudad afro.
