Columna


8 mil millones

ORLANDO BUSTILLO JR

08 de diciembre de 2022 12:00 AM

El martes 15 de noviembre llegamos a la bicoca de los 8000 millones de habitantes en el mundo. Esta cifra de ingrata recordación para los colombianos, es como un elefante más en el manejo de cómo enfrentar una población que antes de terminar la centuria pasará los 10 billones de habitantes. La transición demográfica en Colombia, antes de la pandemia, las familias ya dejaron de ser las tradicionales en que en una casa o apartamento vivían 4 personas. Fue tal la demanda de vivienda para relaciones unipersonales y el crecimiento del divorcio que la sociedad tuvo que ir supliendo la demanda con mayores construcciones que no tuvieron un POT adecuado o inexistente ni en Bogotá ni en las grandes capitales. El país se transformó en un país urbano (La salud en Colombia, Bernal, Óscar Uniandes). El campo por falta de oportunidades tanto de trabajo como de seguridad se despobló de manera importante y la contragentrificación de las ciudades comenzaron a padecer por una debilidad de la democracia y seguridad humana; ya nadie se conoce entre sí y la violencia fue desplazando a las personas del convivir diario. Salir a la calle, a un centro comercial, al simple hecho de ir a mercar se volvió en miedo. La autoridad es innegociable.

La dificultad de movilidad diaria, por la ausencia de un medio decente de transporte como por lo costoso del sistema existente, fruto también del desempleo, tenemos un problema social y humano como es el mototaxismo y sus consecuencias. Cada país y cada ciudad en el mundo está viviendo sus propios problemas de la superpoblación; en Cartagena no somos ajenos a esta problemática. Hoy somos más de un millón de habitantes con déficit digna de hábitat. Para colmo, lo poca oferta es costosa y los estratos menos favorecidos tienen que adaptarse a la contaminación visual, auditiva y congestión para andar libremente.

¿Cómo estamos educando a nuestro ciudadano dentro de esta nueva realidad? Este no es un tema de poca monta, el mundo va por una parte y nosotros estancados en otra realidad “surrealista” del defiéndase el que pueda. Cartagena a 500 años debe contemplar el problema de la inmigración, oferta de trabajo calificado y educar al ciudadano en cultura. Cartagena sucumbe en la pobreza. Este debe ser el primer y gran objetivo; al combatir la miseria deben generarse programas innovadores que de por sí dan trabajo y función al egresado de cada universidad para desarrollar un proyecto de vida abocado al servicio. Pero esto no da espera. Las declaraciones del director del DNP el 5 de diciembre dejan más preocupaciones que certezas. Él mismo siente paso de animal gigante. No esperar solo que el gobierno lo haga todo. Y, el alcalde, debe propiciar estos espacios laborales y culturales. Lástima el espacio de la columna no permita seguir, pero debemos sensibilizarnos a generar una administración pública sin corrupción y con espíritu de servicio, profesional, idóneo y con ganas de trascender en el tiempo.

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