Columna


¿A parar para Avanzar?

DIEGO ARETZ

02 de mayo de 2021 10:05 AM

No importa quien llegue en el 2022 a la Casa de Nariño, a la silla presidencial. Lo que es cierto es que al siguiente presidente le va tocar construir una reforma social profunda. El país no soporta más lo que yo llamaría un estado de las cosas inconstitucional, un estado económico de desigualdad y una estructura social retrógrada e ineficaz. Me refiero con esto a una estructura y una maquinaria que funciona de una manera errática donde no hemos podido lograr sacar al país de unos índices perversos de inequidad, subdesarrollo cultural y subdesarrollo educativo.

Colombia es la receta perfecta para la desigualdad social y eso es algo que se necesita cambiar por el bien del estado de derecho, por el bien de la democracia y por el del bienestar del país. Ese bienestar no es el bienestar de una sola clase y tampoco es el bienestar de un solo sector socioeconómico, es el bienestar integral que requiere una reforma social.

La reforma social profunda que requiere el país tiene que pasar por pensar una reforma que tenga en su centro la pregunta y la respuesta sobre el desarrollo colectivo de la nación; y el desarrollo colectivo de la nación no es un desarrollo parcial ni un desarrollo centralista es ante todo un desarrollo integral que tenga en cuenta la diversidad cultural del país, la diversidad geográfica, la diversidad étnica y al mismo tiempo la problemática que encierra esa misma diversidad. Es importante reconocer también que esa reforma social no puede ser de espaldas al mundo globalizado, de espaldas a una región y de espaldas a las lógicas del profundo cambio que estamos viviendo en los inicios de la tercera década del siglo XXI.

Una reforma social de cara a las revoluciones culturales y económicas que se están llevando a cabo en el mundo desarrollado, una reforma social que tenga en cuenta lo que está sucediendo hoy en lo que podemos llamar una sociedad de avanzada y es una reforma social que tenga en cuenta el medio ambiente y que tenga en cuenta nuestro papel dentro de una ecología social. Especialmente un país como Colombia que tiene una de las geografías más privilegiadas del mundo y al mismo tiempo una biodiversidad única, que son sin lugar a dudas un valor agregado importante en lo que significa hoy el país en el ámbito económico global. Al mismo tiempo es una reforma que tenga en cuenta que nuestro crecimiento poblacional es el mismo que el de economías muy desarrolladas, las europeas como ejemplo está Alemania, pero que al mismo tiempo tenemos una población de alrededor de 50 millones de habitantes lo cual implica una política sería de reflexión sobre qué tipo y cantidad de población tenemos y qué queremos ser como nación.

Desde los años 60 Colombia ha contado con un avance significativo en materia económica, hemos sido un país y una sociedad que ha avanzado a pesar de conflictos profundos, conflictos internos de guerra de guerrillas de paramilitares de centenas de grupos armados que han hecho un gran daño y que han hecho del desarrollo colectivo una labor casi imposible. A pesar de eso Colombia ha logrado avanzar, sin embargo hay dificultades que tenemos que reflexionar y dos de ellas son la concentración de la tierra y la concentración de la riqueza.

A pesar de que hemos pasado de ser un país casi en la miseria, a ser un país dentro de lo que podríamos llamar la clase media global, debemos reconocer que no es suficiente, no es suficiente ser un país con recursos si esos recursos están en las manos de pocos. El desarrollo es parcial e inhumano, estamos provocando un crecimiento que existe, que es válido pero un crecimiento que va en detrimento de la mayoría de la población y es algo que no es justo mirándolo desde un lente de los derechos humanos y dentro de la perspectiva de una sociedad desarrollada. Era en las sociedades primitivas en donde unos pocos acumulaban derechos y posesiones las cuales eran negadas al 99% de la población, eso es el pasado y es algo que no podemos seguir tolerando.

El desarrollo ambiental es hoy uno de los mayores desafíos que tiene el país, ¿cómo vamos a garantizar el crecimiento económico y cómo vamos a garantizar una mejora de los derechos y de las oportunidades para todos y todas sin perder unas reglas de juego en que se respete el medio ambiente y sin perder una lógica económica que respete y que construya en armonía con el medio ambiente?

Por eso pienso que en este momento la pregunta sobre quién será el presidente en el 2022, que sí será Fajardo o Petro o Gaviria o algún otro no es relevante, la pregunta que debemos hacernos de cara a la profunda crisis que la sociedad colombiana vive, es ¿cómo vamos a construir una reforma social profunda que nos ponga en los trenes de la modernidad, donde las discusiones sobre violencia, las discusiones partidistas, las discusiones ideológicas no sean el plano más importante? Debemos pensar en lo básico, que es el respeto a la vida y los derechos humanos. Pero también debemos encontrar una identidad colectiva en lo económico, una identidad colectiva en el desarrollo de nuestra sociedad que está necesitando con creces un avance colectivo.

Hemos avanzado mucho pero no hemos logrado encontrar esa identidad colectiva que nos permita avanzar juntos, hoy la única claridad en la mesa de todos los colombianos es que avanzamos todos juntos o todos nos hundimos.

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