A Poncho cantando

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Todo el que ha ocupado un cargo público de responsabilidad fiscal está expuesto al escrutinio de las entidades de control. No pasan, en muchos casos, de simples oficios burocráticos que molestan; pero en ocasiones obligan a buscar defensa profesional, y a gastar dinero.

Cómo se resuelven, nadie sabe; pero si se me permite pensar libremente, sólo veo tres opciones: 1) se es inocente, no se pisó callos, y no hay por dónde agarrarlo; 2) se resuelve amistosamente (quiere decir, todos ganan); 3) o se le sanciona de manera ejemplarizante. Superado el umbral de desprestigio que se sea capaz de tolerar, ese hecho hace desistir a muchas personas serias, pulcras, y competentes de ocupar cargos públicos de responsabilidad. Y si se arriesga, no se atrevería a tocar los poderes establecidos, a atentar contra el statu quo, o a alborotar la zona de confort y privilegios de quienes llegaron antes que él. Nada, lo ‘inteligente’ (lo han tomado como definición los entendidos) es aprender a moverse en ese mundo sin pisar callos.

Los primíparos de la política son sanos, no lo dudo, bien intencionados en la mayoría de las veces, pero ese mundo los corrompe y, o se dejan corromper, o se ganan la más cruel de las persecuciones: unos abandonan, otros terminan sancionados por minuciosidades, y otros mueren por el estrés.

No obstante, el caso de Uribe es sui generis. Su personalidad es un diamante en el desierto. Tal vez guarda alguna semejanza con el de Simón Bolívar, extrapolado a esta época. Dos refranes populares sirven para explicarlo: ‘El clavo que sobresale se lleva un martillazo’, uno, y el otro, ‘Al árbol que da fruto le tiran piedras’. Habrá más, pero para el buen entendedor, con estos dos, basta. ¿Cuánto más podrá sobrevivir?, no lo sabemos. Contra él se ha intentado todo: atentados contra su vida, su honra, la de su familia, y la de sus copartidarios y amigos, y contra su patrimonio. Lo inaudito es que quienes lo persiguen, son o fueron guerrilleros a quienes se les perdonó, tacita o explícitamente, todo su actuar delictivo violatorio de derechos humanos fundamentales. Que, en venganza por haber sido combatidos con contundencia por este, recurren, a empresas especializadas en desprestigiar y empapelar judicialmente; a burócratas que gozaban de privilegios inadmisibles, con cargo al erario, y a idiotas útiles.

También porque saben que mientras viva y sea capaz de luchar por los ideales democráticos, no tienen ninguna opción de imponer su modelo económico fracasado en busca de privilegios, poder y riquezas. Y me ha hecho acordar de los versos del hijo de Poncho: “El mundo gira y gira, y mientras da la vuelta siempre queda igual, unos se sostienen a otros les va mal, y todavía tenemos a Poncho cantando”. Basta cambiar en el hermoso verso a Poncho por Uribe, y queda preciso.

*lng. Electrónico, MBA.

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