Columna


Adiós a un marino

JOSÉ WILLIAM PORRAS

29 de noviembre de 2023 12:00 AM

El adiós de despedida a un extraordinario marino y ser humano: el señor Contralmirante Jorge Enrique Cadena Mutis (qepd), quien el pasado jueves 9 de noviembre izó velas con rumbo a reunirse en la gloria del señor con su amada esposa, Lourdes, quiero aquí resaltar:

Nació en Bogotá el 7 de octubre de 1937, pero su corazón era 100% santandereano, según me manifiestan sus hijos.

Ingresó a la Escuela Naval en 1954, siendo destinado a la Escuela Naval de Chile, donde terminó los estudios navales y se graduó como teniente de corbeta el 10 de febrero de 1959.

Un poco más de un año después, el 25 de junio de 1960, se casó con la señorita Lourdes Solano Tuñón, distinguida dama cartagenera. Fruto de esta unión, nacieron sus hijos Lourdes Patricia, Claudia Cristina, Marcela Eugenia, Jorge Enrique, Adriana y Roberto Carlos, formando una hermosa familia.

En su paso por la Armada Nacional, fue un marino, líder destacado y un gran matemático e ingeniero. Contribuyó significativamente a la adquisición de los primeros submarinos y fragatas para Colombia en Kiel, Alemania, en la década de los 70 y principios de los 80 (proyectos Tridente y Neptuno). Participó en el planeamiento del primer disparo de torpedos desde un submarino en Colombia, recibiendo los distintivos de submarinista, investigador científico, de comando y profesor militar.

Como profesor militar fue pionero en dictar clases de control automático en la Escuela Naval en 1971. Estaba recién regresado de Monterey, donde se había graduado con honores como Máster en Ingeniería Eléctrica. Su estudio en la Escuela de Postgrado de la Marina Americana en Monterrey reflejó su dedicación a la preparación continua y la excelencia académica. Fue invitado al Japón a exponer su tesis.

Comandante del ARC Boyacá (MN) del 25 de junio de 1978 al 16 de julio de 1980, siendo el azote de los narcotraficantes en La Guajira en este periodo de bonanza marimbera, recuerdan sus tripulantes.

Su legado como director de la Escuela Naval en 1990: construyó el nuevo comedor de cadetes. Remodeló la casa de Comando No. 1 de Manzanillo, obra arquitectónica digna de su imaginación. Y junto con su señora Lourdes desarrolló el proyecto de la construcción de la capilla Stella Maris con contribuciones de los oficiales y amigos de la Armada de esa época.

Señor almirante, buen viento y buena mar en su regreso a casa para reunirse con su amada Lourdes. Su legado ha quedado tatuado en los anales de la institución y atado con un nudo marinero imposible de soltar en la memoria de todos los que tuvimos la fortuna de conocerlo: dotado de una inteligencia extraordinaria, gran líder, compañero de armas y caballero a carta cabal.

Descanse en paz, señor almirante.

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