Columna


Adiós a los puyas ojos

ALCIDES ARRIETA MEZA

14 de enero de 2016 12:00 AM

La manera de ganar las elecciones en Colombia, ha estado presidida del cambio de votos por puestos, la compra del voto del electorado, con la manito contaminada de funcionarios electorales, que han logrado que en este sistema de cosas se reelijan los mismos grupos, las mismas casas y varones electorales.

En esta perversa plutocracia, en medio de una gran abstención, resultan ganadores no estadistas, ni personas interesadas en el bienestar general, sino en los negocios que producen los dineros de públicos, sobre todo, porque el voto de opinión, en proceso de crecimiento, aún no ha podido consolidarse.

En el escenario electoral actual, han sido necesarios unos personajes siniestros, los llamados Puya ojos, que en la opinión de la periodista, de La Silla Vacía, Laura Ardila, “son los profesionales de la compra y venta de votos, que de barrio en barrio, casa a casa, son determinantes en la perpetuación de una clase política tradicional y tramposa que no concibe apostarle al voto de opinión. Son puya ojos porque la primera regla de este negocio es que siempre hay un 50 por ciento de pérdida, pues para comprar 10 votos hay que pagar 20”.

Los puya ojos, lo compradores de los votos, dejarían de ser necesarios, por cuenta de la compra de los paquetes electorales, que consiste en que los votos, le aparecen en las urnas y en los formularios oficiales a sus compradores, sin que ningún ciudadano haya concurrido a las urnas.

En esas condiciones, sino pasa nada en las investigaciones que adelantan los organismos de control, los puya ojos serán cosa del pasado, y por tanto las elecciones seguirán siendo, ya no un farsa, sino una súper comedia, una simulación de la Democracia, magistral pantomima, que se legaliza en un circo que se llama comicios electorales.

Este sistema de elección asegura que muchos cargos de elección popular, estén en manos de los beneficiarios de la falsificación de la democracia, la cual ha sido manipulada. Entonces ya no será necesario realizar procesos proselitistas, ni propaganda electoral, ni hacer reuniones comunitarias, bastará tener la plata, para comprar a quienes venden los combos electorales al mejor postor.

Las elecciones en muchas partes del país, son expresiones de todas las formas de corrupción, en donde solo han tenido opción de triunfo por lo general, quienes reproducen estas y otras formas descompuestas de acceso a los cargos de elección popular.

“El todo vale”, es la regla del proceso electoral, la prostitución electoral es la que vale, “esta produce beneficios, curules, alcaldías, gobernaciones, diputados, senadores y representantes, dentro de un Estado descompuesto y bastante putrefacto.

Las elecciones para autoridades locales del 25 de Octubre, en Cartagena y parte del país, no fueron la excepción, las cosas como dijera un refrán pasaron de castaño a obscuro, de mal en peor, en donde hubo de todo, sobre todo, la compra de los paquetes electorales.

Este desastre, tiene soluciones que van de la mano de una reforma estructural al sistema electoral, la implementación del voto electrónico, una completa pedagogía política y ética, liderada por la ciudadanía.

La corrupción para ser combatida, en general requiere voluntad ciudadana, que impulse la voluntad política. El escritor inglés Bertrand de Speville, señala que para combatir la pandemia de la corrupción, se requieren de siete estrategias, voluntad política, estrategia clara que se definan responsables y roles y mecanismos de seguimiento, marco jurídico completo y recursos para financiar la puesta en práctica de la estrategia, coordinación adecuada y compromiso de la sociedad civil.

Las crisis son las generadoras de las grandes soluciones, para lograr salir de ella, debe iniciarse un proceso que de manera planificada y organizada, convoque a todos los sectores para debatir las alternativas que permitan embestir contundentemente la descomposición del sistema político electoral colombiano.