¿Ahora sí?

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Los resultados electorales del domingo suscitan la tentación de evocar lo dicho por el economista estadounidense John K. Galbraith, de que “la política no es el arte de lo posible. Consiste en escoger ente lo desastroso y lo desagradable”.

Pero, la suerte está echada, y ahora que se ordenan prioridades del gobierno entrante de Cartagena, cabe preguntar por los principios políticos que orientarán sus acciones.

Cartagena Cómo Vamos señaló esta semana que las prioridades para mejorar la calidad de vida son reducir la pobreza, la deserción escolar, el embarazo juvenil, la informalidad y los homicidios, y elevar la calidad educativa. La lista es oportuna aunque faltan la movilidad y las amenazas del cambio climático.

Es justo y necesario pensar en temas de intervención, método habitualmente escogido por quienes deciden. Sin embargo, si lo primero es la gente, según reza el lema de campaña del alcalde electo, se deben voltear la mirada y las acciones estatales hacia la ruralidad cartagenera y sus pobladores, que poco o nada han contado para las estadísticas e iniciativas de desarrollo.

No se trata de la máxima voluntarista de luchar por la ciudad soñada, sino de examinar con sentido crítico qué se ha dejado de hacer durante décadas. El olvido de lo rural tiene el mismo calado que su presencia histórica, olvido que se evidencia con una simple revisión de planes de desarrollo locales.

Los últimos cuatro muestran que su tratamiento en el diagnóstico y las estrategias no supera el de un “sector” poco estratégico para la economía, el ambiente y la cultura de sus gentes. Lo rural existe en cuanto son receptores de generosos programas de “asistencia técnica y transferencia de tecnología a los pequeños productores”. En estas zonas la presencia nacional es más valorada que la distrital.

En dispensa histórica, muchos de estos poblados existen desde antes de la fundación de la ciudad. Sus habitantes son pocos, a lo más 50 mil, si se comparan con los cartageneros más rezagados de la zona urbana, que superan los 200 mil. Pero sus condiciones de vida son tan poco dignas que apuntan sin ambages al fracaso absoluto de las políticas públicas hacia estas comunidades, en su gran mayoría afrodescendientes, que están en los sitios más atractivos desde el punto de vista del paisaje y la expansión urbana y económica.

Algunas de las acciones más urgentes deben entrar en cualquier lista de todos los tiempos: dotación de servicios públicos, hospitales, oportunidades de trabajo y generación de ingresos, acceso a la propiedad, el crédito y al más valioso de todos, la educación.

¿Ahora que Manolo va, también va lo rural?  

*Co-director del L+iD-UTB
aespinosa@unitecnologica.edu.co

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