Aire de segunda

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Entre las muchas acciones que esperamos del nuevo alcalde, mejorar la calidad del aire en la ciudad, debe estar entre la interminable lista requerida con urgencia por la gente. Dos frentes son importantes, el primero, vigilar y restringir la entrada de tractocamiones altamente contaminantes a los puertos sobre la bahía, en particular el tránsito por la avenida de El Bosque, y segundo, sacar de circulación los buses viejos que no cumplen ninguna normatividad en emisiones. Aquí también incluyo algunas busetas del sector turístico.

Transportar contenedores en el corredor de carga es una fuente permanente de contaminación del aire. Las partículas liberadas con la combustión del diésel están vinculadas a efectos serios y crónicos sobre la salud humana, en especial en los sistemas respiratorio, cardiovascular y el nervioso, entre otros. La evidencia epidemiológica que relaciona la exposición a estas partículas con cáncer y enfermedades de alta prevalencia, como la diabetes, es creciente y bien  documentada.

La responsabilidad no es solo de la autoridad ambiental. La calidad del diésel y la gasolina producida en la refinería es critica en la formación de partículas contaminantes peligrosas para la salud. Urge legislar para que el país adopte la normatividad Euro 6 en combustibles para transporte, para que en el mediano plazo nuestro aire sea más respirable.

Prestar atención a las emisiones de los vehículos y a la calidad de sus combustibles es necesario, pero no es lo único para dejar de respirar un aire de segunda.  Durante los últimos años hubo destrucción sistemática de las zonas verdes de la ciudad, incluyendo el manglar del Cabrero, el de La Boquilla y el bosque seco de la Popa; sin olvidar, por supuesto, la eliminación de árboles por las nuevas construcciones en la ciudad y su área periférica. 

Aunque por ahora es una hipótesis, la alta tasa de parasitismo de nuestros árboles, la cual los lleva a una muerte lenta, podría ser por la pobre calidad del aire que respiramos. Cada vez tenemos menos  sombra y más islas de calor.

En la ciudad no sólo faltan árboles, sino quien los cuide. En la Popa talan las pendientes más altas, aumentando el riesgo de deslizamientos y la incorporación de material particulado al aire. Otras veces parece que no conocemos lo mínimo de biología vegetal, cuando esperamos que las palmeras hagan lo mismo que la uvita de playa, como en la Loma de Crespo. No olvidemos que cada día respiramos en promedio unos 21.000 litros de aire, suficientes para preocuparnos por su calidad. 

*Profesor

@joliverov

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