Columna


Aislamiento social y soledad

CARMELO DUEÑAS CASTELL

25 de enero de 2023 12:00 AM

Toda una vida juntos en una solariega casa del aristocrático barrio. Tras caminata matutina él tenía una intrascendente conversación con compañeros caminantes, mientras ella mantenía una cháchara de café con las vecinas. Una ínfima partícula viral venida del Lejano Oriente cambió todo.

A regañadientes se dejaron convencer por las ordenes gubernamentales y por las dantescas imágenes de que el confinamiento era lo mejor. El pánico de contagiarlos originó el ostracismo de hijos, nietos e inclusive del servicio doméstico. Semanas después aparecieron el desespero en él, la depresión en ella e incapacitantes dolores en ambos; en el por inactividad y en ella por exceso de trabajo doméstico. Seis meses después una consulta virtual diagnosticó muerte súbita por infarto en él. Sepelio, cremación, duelo en solitario y dos meses más tarde ella se desmayó y, por temor al virus, falleció en casa. Ninguno de los dos padeció COVID.

Esta semana el New England Journal of Medicine revisó el impacto del Aislamiento Social y la Soledad. Una de las autoras reconoce, con dolor, que tras meses de confinamiento su padre falleció de un cáncer no diagnosticado; diecisiete días más tarde su madre murió al caer de la cama. Como en muchos otros, en estos cuatro casos verídicos, el aislamiento y la soledad fueron la verdadera y no reconocida causa de muerte.

Dice el artículo que el aislamiento social (estar solo o tener pocas o infrecuentes relaciones o conexiones sociales) y la soledad (sentimientos subjetivos y angustiosos derivados de una discrepancia entre la conexión social deseada y la real) son riesgos de salud y muerte prematura. Sus efectos sobrepasan lo psicológico. Así, además de favorecer la ansiedad, la depresión, la demencia, episodios de sobredosis y suicidio, aumentan dramáticamente el riesgo de enfermedades cardiacas, cerebrovasculares, infecciones, inmunosupresión y bajo estado funcional.

Igualmente, se asocian con autocuidado reducido, retraso en buscar atención médica, peores resultados clínicos, más hospitalización y mayores costos en salud. Lo decía Rolando Laserie: “Hola Soledad, no me extraña tu presencia...”. En contravía, la conexión social mejora la salud y la longevidad. Aislamiento social y soledad pueden darse a cualquier edad y recientes estudios demuestran que, en la actualidad, son mucho más frecuentes entre adolescentes y adultos jóvenes.

Igual pasa con las consecuencias del aislamiento social de nuestra concurrida y desolada Cartagena. Por ello debemos evaluar riesgo/costo/beneficio lo ocurrido en pandemia, en nuestra ciudad y en nuestras vidas para aprender a futuro. Lo decía el griego: “El hombre es un ser social por naturaleza”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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