Aislamiento y persistencia

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Desde hoy los colombianos entraremos en una inédita fase de aislamiento obligatorio que impone la contención a una de las mayores amenazas que ha afrontado la humanidad, por cuenta de un enemigo diferente al propio hombre. Las guerras y catástrofes naturales están siendo sobrepasadas en letalidad y miedo, por un virus que nos iguala a todos en vulnerabilidad, y que desafía la creatividad, recursividad y sensatez para enfrentarlo.

Aunque persisten actitudes individuales y colectivas que pretenden ignorar la dimensión de la emergencia, e imponer intereses particulares por encima de la protección de todos, la mayoría de ciudadanos ha acatado las medidas preventivas dispuestas por las autoridades, superando las iniciales escaramuzas político- administrativas, y algunos choques de egos.

Las diferentes fuerzas de poder parecen haber coincidido en aceptar, que lo que está pasando en países como China, España e Italia y el cada vez mayor aumento de casos de coronavirus en el país, obliga a extremar las medidas de prevención, para evitar una catástrofe.

Las circunstancias no permiten afanes de protagonismos, aprovechamiento político, ni reacciones como la tristemente célebre “pataleta” de frustradas graduandas de Uninorte, las protestas de mototaxistas, el acaparamiento y la especulación con productos básicos de consumo, y de insumos como tapabocas y algunos medicamentos.

Son tiempos en los que corresponde mostrar lo mejor de cada uno para ayudar, agradecer, confiar, conciliar y apoyar, para resistir juntos y en armonía. Conmovedor, por ejemplo, el reconocimiento tardío que se tributa con atronadores aplausos nocturnos, desde el confinamiento, a los médicos, enfermeras y a todos los integrantes de los equipos de salud, convertidos en héroes anónimos de esta batalla por la vida. Sin embargo, además de la gratitud espontánea, ellos requieren que sean atendidas sus propias demandas, especialmente con el efectivo suministro de insumos para su protección, y en algunos casos el pago de sus salarios atrasados.

Destacables los gestos de solidaridad de empresas y personas que han identificado a los más vulnerables en los tiempos de aislamiento, distribuyendo inclusive dinero en efectivo a vendedores y trabajadores de la calle, para que puedan aprovisionarse dignamente durante la cuarentena.

Llegamos a un día, hasta hace poco inimaginable por nadie. Estaremos con nuestras personas más cercanas compartiendo miedos, pero también alegrías, esperanzas y la experiencia de reencontrarnos en el amor, la tolerancia y la construcción creativa de nuevas realidades de integración. Serán 19 días, por lo pronto, de resistencia colectiva a la pandemia. La única alternativa posible para proteger la vida es quedarnos en casa; atendamos con responsabilidad ese compromiso, para contemplar la posibilidad de volver a abrazarnos y besarnos algún día, sin el riesgo de morir en el intento.

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