Alcaldía sin Alcalde

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En los últimos días varios columnistas hemos insistido en diversos aspectos que la Alcaldía puede desarrollar para iniciar cambios reales en la ciudad, pero parece que allí nadie toma nota de eso, letra muerta.

Cartagena no necesita un alcalde de trámite, necesita un líder capaz de escuchar propuestas, proponer ideas, intentar capitalizarlas y buscar oportunidades en donde solo parecen existir debilidades.

Es importante que el alcalde exprese su opinión, firme y contundente, sobre diferentes aspectos. Este simple hecho mejora el sentido de pertenencia y la confianza ciudadana por la ciudad.

Aquí todos queremos escuchar que la posición oficial es proteger nuestro patrimonio y explorar todos los caminos y alianzas posibles para atacar la pobreza. Basta de pactos y reuniones sin trascendencia, necesitamos acciones y mucho trabajo.

Cartagena tiene todo para atacar la pobreza, es cuestión de liderazgo, decisión, mantener a los corruptos fuera de acción, y que las vacas sagradas, de una vez por todas, dejen de pensar en sus propios intereses y suelten las cadenas que esclavizan al corralito.

Un buen alcalde debe revisar las prebendas tributarias a las grandes empresas que exprimen día a día a los cartageneros. Una sola de ellas, por ejemplo, en los últimos diez años, ha llenado los bolsillos de sus accionistas con más de 100 millones de dólares, producto de una zona franca que no tiene utilidad social alguna. Ese dinero bien utilizado cambiaría el panorama en barrios en donde reina la miseria.

El 2018 fue un año majestuoso para el turismo internacional. ¿Dónde quedó el dinero? En las mismas empresas de siempre, las que paralizan el tráfico en el Centro con los buses turísticos y las que pagaron menos de medio millón de dólares por uso del espacio público, una verdadera vergüenza, cuando al menos debe recogerse diez veces esa suma, entregando vida a uno de los pisos en tinieblas del Universitario.

No recuperar los peajes internos y el dinero captado luego del vencimiento de la concesión, es una atrocidad social. Cada día esos peajes arrebatan la alimentación de muchos niños que solo ven el pan una vez al día, si acaso.

Un alcalde o una alcaldesa con pantalones, tendría a esta ciudad sin pobreza extrema, y aprovecharía la visita de cada personaje a la aldea para convertir una llave de cobre en educación y salud para todos sus habitantes.

*Profesor

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