Columna


Alfabeto y COVI

CARMELO DUEÑAS CASTELL

29 de diciembre de 2021 12:00 AM

Hace casi 4.000 años, en el mediterráneo profundo, ya se escribía con signos pictóricos. Paulatinamente fueron reemplazados por la escritura fenicia que, a su vez, fue perfeccionada por el primer abecedario de la historia, el alfabeto griego, el primero que incluyó vocales.

En total son veinticuatro letras cada una con un símbolo diferente y un sonido individual. Hace tiempo la OMS lo escogió para denominar las variantes del SARS-CoV-2. La idea era evitar el estigma que implicaba unir una variante al país donde inicialmente se había identificado.

Cuando Europa empezaba a salir de una ola por la variante delta y la COVI parecía cosa del pasado, ómicron cambió todo. Detectada en Botswana el 11 de noviembre, es el doble de contagiosa que delta.

La rapidez de su diseminación es tal que cada dos días duplica los casos. Aún si resulta menos grave que delta, es tan contagiosa que las hospitalizaciones aumentarán. Y la solución es la misma: la vacuna, reducir la interacción social, las mascarillas, la ventilación y el lavado de manos.

Por ello Francia y Alemania están llegando a récord de más de un millón de refuerzos en un solo día mientras los Países Bajos ordenan un cierre casi total hasta el 14 de enero, reducen las reuniones familiares a cuatro personas y Austria se prepara para la vacunación obligatoria con una gran multa para quienes se nieguen.

El virus requiere células susceptibles y seguirá cambiando para sobrevivir y adaptarse. Ya solo quedan nueve letras y la siguiente variante se llamará pi; y, a menos que asumamos un abordaje sistemático y global que evite la absurda y discriminadora distribución de las vacunas, se nos acabará el alfabeto griego. Para entonces la OMS denominará las variantes con letras y números (alfa-1, beta-2, etc.) o usará los nombres de constelaciones de estrellas.

Es increíble que aún haya personas reacias a la vacunación, cuando ómicron es la mejor prueba de su eficacia. Bueno, también resulta increíble que sigamos con los mismos heridos y fallecidos por pólvora y violencia fratricida, año tras año.

Así como el alfabeto griego no alcanzará para la COVI, el mismo verso y metalenguaje de violencia será insuficiente. De un lado M-19, Farc, Eln, Epl, paramilitares, Bacrim, etc. Mientras que del lado estatal su inoperancia para resolver los problemas básicos de salud, educación y demás seguirá hablando el lenguaje de las armas y los nunca bien olvidados falsos positivos.

Lo dijo la OMS y resulta válido para COVI y NO COVI, especialmente por estas calendas en que hacemos planes fantásticos y propuestas de enmienda que espero que en 2022 sí cumplamos, “ninguno estará a salvo hasta que todos estemos a salvo”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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