Columna


Alimentación y cerebro

EDUARDO VERANO DE LA ROSA

28 de octubre de 2020 12:00 AM

La Salud Pública moderna está basada en la prevención de todo tipo de enfermedades, para prolongar la vida con calidad, para lo cual la nutrición juega un papel fundamental. El libro de Uma Naidoo “Este es tu cerebro y tu comida” explica como los alimentos que llegan al intestino inciden directamente en la química del cerebro.

La nutrición es la base del enfoque moderno de cuidar la salud en una sociedad. En Estados Unidos hay 30 millones de diabéticos, 10% de la población, y un 70% con obesidad y sobrepeso, todo por una mala alimentación. Los irlandeses y norteamericanos han limitado el azúcar en el pan y en total no puede pasar del 6% de calorías consumidas.

Muy interesante comparar los patrones de comida americana con la mediterránea con mejores niveles nutricionales por la combinación acertada de vegetales, frutas, cereales, granos y aceite de oliva.

Estudios científicos recientes conectan la neurología con la nutrición, una especie de psiquiatría nutricional, que reduce la utilización de drogas para los problemas psiquiátricos y se apoyan más en hábitos familiares de alimentación.

Una buena nutrición disminuye la necesidad de medicamentos porque provee las necesidades de cada persona. Hay un romance entre los intestinos y el cerebro como un solo cuerpo, o los intestinos como un segundo cerebro. Cuando apareció el antidepresivo Prozac lo prescribían sin manejar una dieta, entonces, lo que lograba el prozac retrocedía por una alimentación inadecuada. Todo debe estar coordinado.

Los químicos que se producen en la zona digestiva van directo al cerebro y al sistema nervioso central produciendo dopamina, serotonina y aminoácidos que facilitan las interconexiones neuronales en el cerebro que a su vez regulan el estado de ánimo, la memoria y la salud mental. Una alimentación saludable produce una flora bacteriana en el intestino, que genera los químicos cerebrales que trabajan en armonía con el sistema digestivo. Los procesos de depresión y ansiedad a su vez afectan la digestión, un círculo vicioso, y además, puede llevar a obsesión, demencia, insomnio, esquizofrenia y decrecimiento de la libido. Todo está conectado, hasta el buen dormir y la vida sexual.

El exceso de azúcar aumenta la depresión y la ansiedad y es más adictivo que la propia cocaína, incluidos los azúcares artificiales como el aspartame. Tal vez disminuyen las calorías, pero generan depresión.

Hay relación entre la insulina y el alzhéimer. El neurólogo nutricionista David Perlmutter ha demostrado que menores niveles de insulina son indispensables para la salud del cerebro y que las células cancerígenas se alimentan de azúcar y propician su expansión. La cafeína estimula las partes del cerebro que llevan a la ansiedad.

En resumen, se recomienda una alimentación basada en proteínas, la pasta debe fortalecer su presentación añadiéndole harina de garbanzo y frijoles. Hay que consumir más alimentos con probióticos: como yogur, quesos, o prebióticos como bananos, cerezas, ajo, cebolla, espárragos, arroz integral, brócoli, comer alimentos ricos en omega 3 como el pescado, en especial salmón, atún, sardinas, también comer minerales como hierro, proteína y zinc, hierbas cómo el orégano y altas proteínas como lentejas y espinacas.

Hay que evitar productos con azúcar como gaseosas, postres, o carbohidratos como arroz blanco, papas, pastas, azúcares artificiales como aspartames sacarina y estevia y los alimentos saturados de nitrato como jamón, salami y salchicha.

Somos lo que comemos.

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