Ambivalencia y empalme

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Hace más de 100 años, Bleuler acuñó el término ambivalencia para describir una situación en la cual una misma persona nos genera sentimientos o impulsos contradictorios o un tema origina aspectos positivos y negativos al mismo tiempo. Las recientes elecciones cartageneras han despertado sentimientos ambivalentes: una alegría victoriosa, casi vengativa, contra una clase política ciega de poder; y temor e incertidumbre de entregar el futuro a un inexperto.

Peyorativamente se ha dicho que ganó el populismo. El populismo es ambivalente: genera admiración y repudio, deseo y miedo; al tiempo que radicaliza la soberanía popular y promueve una de las formas más sublimes de democracia puede generar dictaduras o tiranías que socavan los derechos individuales; nace como demanda legítima por alcanzar representación pero, más temprano que tarde, corroe las instituciones democráticas para priorizar intereses personales. Sin embargo, estas elecciones me recuerdan Fuenteovejuna, obra maestra de Lope de Vega, publicada hace 400 años y basada en hechos reales acaecidos 150 años antes y que representa “la unión del pueblo contra la opresión y el atropello” cuando dieron muerte al abusivo comendador de Calatrava. Nunca pudo saberse quién cometió el crimen porque el pueblo entero, todos a una, respondieron que el responsable fueron todos, Fuenteovejuna.

Las elecciones dejaron mensajes claros: podemos derrotar la corrupción; están notificados aquellos políticos que invierten centenares o miles de millones para manipular el presupuesto, ya no podrán recuperar la inversión en desmedro de la ciudad; pero, también, quedan notificados aquellos que desean presentarse a futuras elecciones, en Cartagena es posible ganar por convicción, sin comprar votos ni consciencias ni vender su alma al diablo.

El alcalde electo nombró una comisión de empalme. Y ha organizado una capacitación para darle armas democráticas y gerenciales a ese grupo. Pienso que el comité de empalme somos todos: los que votaron por el elegido deben involucrarse y apoyarlo; los que votaron en blanco deben abandonar el escepticismo ambivalente y esperar lo mejor (un gobierno capaz y ejecutivo) o lo peor (un gobierno honesto que genere cultura ciudadana y cuya única ejecutoria sea demostrarles a los politiqueros de siempre que todo tiene valor y no todo tiene precio); y quedan los otros, aquellos que por convicción o contubernio votaron por el otro, ellos deben vigilar y fiscalizar que las cosas se hagan con la mayor pulcritud. Hoy quiero creer que todos estamos en la comisión de empalme, cada uno a su manera, luchando por una Cartagena mejor y que, como en la obra de Lope, ante la reiterativa pregunta del juez: “¿Quién mató al comendador?, Fuenteovejuna, Señor. ¿Quién es Fuenteovejuna?, todo el pueblo a una”.

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