Amenazas del turismo de masa

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Hace cinco años escribí esta columna que voy a reproducir ahora por su vigencia y su actualidad, la titulé ‘Crónica de un ecocidio anunciado’, en honor a Gabito y dice así:

Cuando Bud Spencer pisó por primera vez la blanquísima arena de Playa Blanca, lo único que se oyó fue un “¡Madonna!” del gordo, extasiado por la intocada belleza natural.

Tardamos un rato en emplazar las cámaras, porque cada ángulo era el mejor: la playa desierta, las palmeras ondeantes, la brisita amanecida, el promontorio de la casa de don Julio Mario y, al noroeste, puro mar, hasta el actual Decamerón. La escena quedó espectacular y está en la película ‘Los dos misioneros’, una cinta muy popular y de mucha taquilla, con Terence Hill y Bud Spencer, dirigida por Franco Rossi (sic).

Pero de lo que estamos amenazados ahora es de asistir a una película de terror, ‘Crónica de un ecocidio anunciado’, protagonizada por un sistema ecológico vulnerable (Playa Blanca), en riesgo de colapsar, y una multitud de ‘alíenos’ disfrazados de turistas, que llegan en sus naves inquinando, pisando, comiendo, cagando. La invasión es sistemática desde cuando el bicho de la infraestructura les picó a unos innovadores inmediatistas, que construyeron un puente vehicular sin pensar bien en que íbamos a llegar a una isla sin carretera y sin infraestructura social y, menos, turística. Cuando leí que la autoridad ambiental puso un límite de acceso de 4.500 personas, me pareció enorme. Pensando como productor de cine, eso significa 90 buses, parqueaderos, refrigerios y alimentación, más de 10.000 bolsas de agua, 150 cajas de gaseosas, 500 kilos de pescado, disposición de basuras, baños y letrinas; servicio de limpieza y de salvavidas, presencia policial, vigilancia... ¡Y todo esto diariamente!

Lo que esta crónica estaba previendo se volvió una verdad de a puño, porque no solo los ‘alíenos’ siguieron contaminando, sino una horda de invasores de cuello blanco han vuelto nuestro paraíso natural una caterva de hoteluchos y restauranticos sin infraestructura, sin permiso, sin la presencia, como siempre, de la autoridad turística y de protección de parque. ¿Qué hacer?

Recuerdo un editorial de esta casa donde se aconsejaba una lógica solución: una tregua para reorganizarnos. Cerrar la playa ahora sería la mejor solución para organizar un mínimo de infraestructura, acondicionar parqueaderos, instalar baños y, sobre todo, reglamentar las visitas, como sucede a la entrada de la carretera hacia el Parque Tayrona, donde, además de pagar, hay unos controles que parecen tediosos y hasta irritantes, pero son filtro indispensable para visitar esta obra maestra de la naturaleza.

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Columna

DE INTERÉS