Aquarela sentenciada

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El edificio Aquarela está en capilla. Hace unas semanas lo sentenciaron en Azerbaiyán. Cartagena al paredón de la descertificación. La Asamblea de la Unesco otorgó, sin embargo, un plazo para que la ejecución se pospusiera un año, tras hábil maniobra del director de Patrimonio colombiano. El cono visual que afecta al Castillo de San Felipe debe desaparecer. Ese exabrupto afecta la credibilidad de todas las declaratorias de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Kaput Aquarela Multifamiliar VIS.

En Aquarela hubo pilatunas para conseguir la licencia de construcción. Se modificó el POT por circular de la Secretaría de Planeación, cuando ello es competencia exclusiva del Concejo. Trampa empleada otras veces en Cartagena. En este caso se eximió al constructor de respetar la altura de cuatro pisos en Torices prevista por POT. La excusa: una ley sobre Vivienda de Interés Social exoneraba de alturas. Excusa inadmisible; en lo que es de su competencia, acuerdo municipal POT mata ley.

A los 30 pisos del primero de cinco edificios proyectados por Aquarela, el Ministerio de Cultura, aguijoneado por la opinión, interpuso una Acción Popular y el juez ordenó la suspensión provisional de las obras. Ahí está hoy la litis, a merced del garantismo colombiano. Desde antes de la defensa de Bocachica por don Sancho Jimeno en 1697, los cabildos trazaban ciudades con áreas para el gobierno civil y eclesiástico, y, en el caso de Cartagena, para espacios castrenses. El padrastro de Aquarela hubiese aterrado a ingenieros militares que removieron hasta las estribaciones de la Popa para eliminar dominaciones de San Felipe. Sofisticados en el POT, los principios siguen siendo los mismos, con propósitos más amigables.

Sentenciada como está Aquarela, se discute quién paga los platos rotos. Los abogados de la promotora Calle 47 SAS arguyen que obró de buena fe y que el juez tendrá que aceptarlo. Esos abogados actúan solo por memorial, como lo permite la ley. Tampoco han puesto la cara las tres firmas antioqueñas que estaban detrás del proyecto, temerosos de una costosa erosión reputacional. Temen, además, las picardías posteriores a la licencia: por sus precios, Aquarela poco tiene de VIS y numerosos apartamentos serían segunda vivienda. Además, y peor, se apropió del espacio público. Algo más de 600 metros cuadrados de construcción se asientan sobre áreas de cesión. Esto es suficiente para ordenar demolición, pero se escudan detrás de que la construcción está suspendida y de que, se propone corregir el entuerto alrededor del edificio (constructivamente imposible). La otra posible pillería se remonta a después de hechos los estudios de suelos (2008). Por ese entonces, regía nacionalmente un reglamento de sismo resistencia obligatorio, que fue sustituido por otro más riguroso. Hay indicios de que el nuevo no se aplicó. La Alcaldía ha contratado la revisión con la Sociedad Colombiana de Ingenieros. De ser deficiente, no cabe sino la demolición sin más dilaciones por amenaza pública. RIP Aquarela.

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