Árbol de gratitud

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Todos lo hemos vivido, lóbregos y dolorosos momentos en que la felicidad parece haber sido erradicada de nuestras vidas. Bueno, en uno de esos momentos, se acercó un alma noble a decir que colaborara para hacer un “árbol de gratitud” entre pacientes terminales y sus familiares. La idea, y su posterior éxito, dejó en claro que siempre hay alguien con más problemas y con mejor actitud ante la vida.

Todas las culturas, hace milenios, dan gracias a sus dioses por los favores recibidos. Las religiones aseguran que es la mejor forma de seguir recibiendo recompensas divinas. Aún los ateos dan gracias a natura o a la vida. La gratitud es un sentimiento o actitud de reconocer y/o querer corresponder a un beneficio o don recibido.

La ciencia se ha enfrascado en comprender sentimientos negativos y solo hace 25 años apareció la psicología positiva y el estudio sistemático de la gratitud. Maestros y psicólogos, en todos los colegios del mundo, pintan árboles en los cuales piden a los educandos que peguen papelitos, cual hojas, con sus razones para dar gracias.

El árbol de nuestras vidas parece, en veces, cargado únicamente de tristezas y desesperanzas. Las hojas mustias, más temprano que tarde, caerán del árbol, y las ramas recuperaran su verde y hermoso follaje. En el suelo, cerca de las raíces, las hojas de la tristeza y el dolor servirán de abono.

Cuando damos gracias a otros no pensamos en los efectos benéficos que puede tener en nosotros. Un estudio de la Universidad de California demostró que las personas agradecidas se sentían 25% mejor, rendían 1.5 horas más y tenían mejor salud. Hay diversas estrategias para promover la gratitud: el árbol, tarjetas, cartas, etc. Centenares de estudios han demostrado que, con tales estrategias, las personas agradecidas: tienen mayor bienestar, son más felices, se deprimen menos y tienen mejor salud mental; duermen mejor, se estresan menos y enfrentan en mejor forma los problemas; tienen mejores relaciones sociales y mayor crecimiento personal; buscan ayuda con mayor facilidad y aprenden más fácilmente; tienen más autoestima y menos tendencia a consumir sustancias psicoactivas; más aún, tienen más tranquilidad y sentimientos positivos al final de la vida; y, como si fuera poco, son altruistas, sacrifican ganancias personales a cambio de beneficios para los demás.

Por estas calendas de cierres de ciclos, dar gracias es una tendencia. Así, deberíamos pensar que sería de nuestra vida sin las cosas más obvias por las cuales debemos estar agradecidos: respirar, despertar, vivir, etc. Claro, el primer sentido de gratitud debería ser hacia esa persona que nunca nos abandona y que, casi siempre, relegamos y olvidamos. Esa persona es uno mismo. Lo decía Cicerón: “La gratitud no es solo la más grande de las virtudes, sino la madre de todas las demás”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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