Aún en taparrabos

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Hace exactamente dos siglos, Bolívar y Santander tuvieron una gran diferencia política. La razón: Santander era partidario de que el pueblo (recién emancipado del yugo español) fuera a las urnas y eligiera a sus representantes; pero Bolívar se oponía radicalmente a ello, pues consideraba que pese a que ya éramos libres, aun teníamos en nuestra estructura mental la condición de súbditos y esclavos.

A su juicio, antes de ir a las urnas, había que concientizarnos de la responsabilidad que implicaba el ejercicio de la democracia. “¡Tenemos primero que educarlos! Muchos de ellos aún andan en taparrabo”, afirmaba con vehemencia el Libertador.

Pero finalmente se impuso la democracia y fuimos a las urnas a estrenar nuestro derecho al sufragio como ya lo hacían todos los países europeos.

El 13 de marzo de 1988 por primera vez los alcaldes de Colombia fueron elegidos por los ciudadanos. Lo que quiere decir, que desde hace 31 años los cartageneros hemos tenido la facultad de elegir a nuestros propios gobernantes. Y con ello, creímos haber dado un gran salto a la civilización, pero al observar la crisis institucional y política en la que está sumida la ciudad (con once alcaldes en los últimos diez años), y casi que destinados a cometer el mismo error una y otra vez... sin lugar a dudas, las palabras de Bolívar se convierten en un presagio que hoy adquiere absoluta vigencia.

Y es que aquí el verdadero error fue creer que solo necesitábamos autonomía e independencia (como si eso bastara), y nunca nos prepararon para la responsabilidad que implicaba el voto en el juego democrático; por eso le hemos endosado la ciudad a las mismas casas políticas que por años han vivido de desangrar nuestro presupuesto. Lo cual es completamente irracional, pues somos nosotros mismos quienes elegimos a nuestros propios verdugos. ¿Habrá algo más masoquista que eso?

¡Hasta cuándo, por Dios!

No podemos seguir esperando que llegue alguien a transformar la ciudad. La estrategia es a la inversa, hay que educar a los ciudadanos para que ellos puedan elegir buenos alcaldes, buenos concejales, buenos ediles, buenos veedores, buenos comunales... de lo contrario, seguiremos siendo vasallos de un círculo perverso que se aprovecha del hambre y la ignorancia para someter al pueblo y mantenerse en el poder.

Doscientos años después... y aún seguimos siendo esclavos; porque la verdadera libertad no es de afuera sino de adentro. Y esa libertad llegará el día que seamos conscientes de nuestra soberanía y de esa capacidad enorme que tenemos de poder transformar la sociedad a través de nuestras decisiones.

*Abogada y analista política.

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