Columna


Avianca con minúscula...

JOSÉ FÉLIX LAFAURIE RIVERA

26 de noviembre de 2023 12:00 AM

Avianca con mayúscula, la segunda aerolínea más antigua del mundo y orgullo nacional, se relanzó “con minúscula”, con millonaria campaña y un discurso inclusivo que no esconde su nueva condición de “bajo costo”. Más allá de la errada interpretación semiótica al sugerir que lo inclusivo es “minúsculo”, detrás están las dificultades que la llevaron a Ley de Quiebras en EE. UU., de la que salió a cuadrar sus finanzas con una combinación de mal servicio y tiquetes caros. Después de un agotador viaje por Europa y Japón promoviendo los logros de nuestra ganadería, llegué a Frankfurt con afán de regreso y decidí adelantar mi vuelo apenas unas horas, pensando que, si había silla disponible, sería sencillo y no costoso. En efecto la había, pero la diferencia era de ¡960 euros! y, por ello, Avianca se quedó con su “silla vacía”. Entonces pensé que alguien con real afán habría pagado 4 millones de pesos por viajar unas horas antes en un vuelo con silla disponible. Recordé a los auxiliares vendiendo café y agua en los cortos vuelos nacionales, mezquindad disfrazada con el lema: “Pague solo por lo que necesita”, y yo añado, “que no le regalamos ni agua”.

Intente usted comprar un tiquete internacional y, al tratar de pagarlo, se encontrará con una mayor tarifa y un “lo toma o lo deja”. Hace poco leí la noticia de un pasajero frecuente quejándose por la incomodidad de las sillas, en un viaje de seis horas en el que su lealtad no mereció un tinto. La respuesta de la empresa fue viral; algo como: gracias a tu incomodidad más personas pueden viajar, porque “el cielo es de todos”, y yo añado que, además, “tendremos más utilidades”. El 30 de octubre los pasajeros de un vuelo a Londres quedaron varados 24 horas en Bogotá; días después corrieron la misma suerte 200 pasajeros en Nueva York; mientras se utilizan maniobras para no indemnizar perjuicios. Los comunicados de la empresa tienen respuesta para todo, mientras se promociona como la aerolínea que conecta a las regiones, pero se fue de Florencia, Corozal, Manizales, Popayán, Tumaco y del Olaya Herrera en Medellín. Avianca, que aún sentimos colombiana, hoy está controlada por un fondo de inversión británico, pero debe cumplir normas nacionales: ¿Dónde está la superintendencia?

Avianca sigue siendo una empresa grande, pero dejó de ser la “gran empresa” que era nuestro orgullo, porque “la grandeza” no se mide en dólares ni en aviones, sino en una ética corporativa de servicio, la de esa “Avianca con mayúscula” que ojalá regrese.

Avianca con mayúscula, la segunda aerolínea más antigua del mundo y orgullo nacional se relanzó “con minúscula”, con millonaria campaña y un discurso inclusivo que no esconde su nueva condición de “bajo costo”.

Más allá de la errada interpretación semiótica al sugerir que lo inclusivo es “minúsculo” por definición, detrás están las dificultades que la llevaron a Ley de Quiebras en Estados Unidos, de la que salió a cuadrar sus finanzas con una combinación de mal servicio y tiquetes caros. Después de un agotador viaje por Europa y Japón promoviendo los logros de nuestra ganadería, llegué a Frankfurt con afán de regreso y decidí adelantar mi vuelo apenas unas horas, pensando que, si había silla disponible, sería sencillo y no costoso. En efecto la había, pero la diferencia era de ¡960 euros! y, por ello, avianca se quedó con su “silla vacía”. Entonces pensé que alguien con real afán habría pagado 4 millones de pesos por viajar unas horas antes en un vuelo con silla disponible. Recordé a los auxiliares vendiendo café y agua en los cortos vuelos nacionales, mezquindad disfrazada con el lema: “pague solo por lo que necesita”, y yo añado, “que no le regalamos ni agua”.

Intente usted comprar un tiquete internacional y, al tratar de pagarlo, se encontrará con una mayor tarifa y un “lo toma o lo deja”. Hace poco leí la noticia de un pasajero frecuente quejándose por la incomodidad de las sillas, en un viaje de seis horas en el que su lealtad no mereció un tinto. La respuesta de la empresa fue viral; algo como: gracias a tu incomodidad más personas pueden viajar, porque “el cielo es de todos”, y yo añado que, además, “tendremos más utilidades”.

El 30 de octubre los pasajeros de un vuelo a Londres quedaron varados 24 horas en Bogotá; días después corrieron la misma suerte 200 pasajeros en Nueva York; mientras se utilizan maniobras para no indemnizar perjuicios. Lo último fue escandaloso y retrata a la nueva avianca; una funcionaria le respondió a un cliente inconforme que “solo lo podría ayudar si fuera mi papá o alguien importante”.

Los comunicados de la empresa tienen respuesta para todo, mientras se promociona como la aerolínea que conecta a las regiones, pero se fue de Florencia, Corozal, Manizales, Popayán, Tumaco y del Olaya Herrera en Medellín

Avianca, que aún sentimos colombiana, hoy está controlada por un fondo de inversión británico, pero debe cumplir normas nacionales: ¿Dónde está la superintendencia?

Avianca sigue siendo una empresa grande, pero dejó de ser la “gran empresa” que era nuestro orgullo, porque “la grandeza” no se mide en dólares ni en aviones, sino en una ética corporativa de servicio, la de esa “Avianca con mayúscula” que ojalá regrese.

*Presidente Ejecutivo de Fedegán.

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