Columna


¿Aviario Nacional o megajaula?

JESÚS OLIVERO

10 de febrero de 2017 12:00 AM

En una visita reciente al Jardín Botánico con un amigo ornitólogo, y armado con binoculares, conocí en pocos minutos varias especies de aves increíbles que habitan allí, incluyendo algunas que viajan cada año desde Norte América a Colombia. Por varias razones, el potencial ecoturístico de nuestro país es apoteósico. La gracia es capturar al animal en fotos o recuerdos, mientras vuela y canta entre árboles, algo distinto a verlos cautivos.    

Ya cumplió un año el “Aviario Nacional”, un parque zoológico de aves en Barú. Aunque la iniciativa podrá tener argumentos válidos, ambientales y conservacionistas, varias cosas llaman la atención: el término “Nacional” parece sutilmente inferir que el negocio es un centro de investigación o instituto público financiado por el Estado, lo cual no es y puede confundir. Ejemplo de ello ocurrió el año pasado cuando la policía rescató 205 aves silvestres y la prensa insinuó que serían entregadas al EPA, y este a su vez al Aviario Nacional. Al final las liberó la autoridad ambiental.


Y si el nombre implica tener aves de todo el país, la situación es más compleja. El Cóndor, por ejemplo, vive desde el nivel del mar hasta más allá de los 5.000 metros de altitud, y en un día puede recorrer 200 kilómetros. Intentar reproducirlo en 28 metros por 18 metros, con nuestra temperatura, requiere más que buenas intenciones, y aunque haya posibilidad de éxito, los polluelos, si llegan a adultos, tendrán una vida de inmensos retos, libres o en cautiverio. Traer estos animales desde Chile a condiciones artificiales para procrear, tiene muy poco de científico. Si la idea es evitar su extinción, déjenla en su hábitat y aporten a preservarla.  

El cautiverio tiene muchos efectos negativos en los organismos silvestres, especialmente aves, incluyendo estrés, disrupción endocrina, aumento en la carga de patógenos, cambios fenotípicos y en el sistema inmune, entre otros. Un aviario para conservación crea las condiciones para que las aves lleguen y los turistas las visiten a la distancia, pero cuando ellas quieran irse podrán hacerlo. En el Artículo 3 de la Ley 1774 de 2016, entre otras cosas, está la erradicación del cautiverio. Jaulas legales o ilegales no representan diferencia alguna para las aves. 

El planeta cambia y la biodiversidad se revienta contra el peñasco de la civilización. Los zoológicos dejaron de ser arcas de salvación para las especies. Tampoco son válidos con fines académicos. Necesitamos crear más reservas de bosques, evitar deforestar, y preservar áreas para intentar salvar lo que queda de las especies. Solo así nuestros hijos conocerán estas aves en persona y no en videos luego de su extinción.  

*Profesor

@joliverov