Columna


Baja la población mundial

ALFREDO RAMÍREZ NÁRDIZ

27 de febrero de 2024 12:00 AM

Durante los últimos siglos, más o menos desde que la Revolución Industrial permitió que la población mundial comenzará a ascender, hemos vivido bajo el miedo a que el número de seres humanos se volviera tan excesivo, que la Tierra no tuviese recursos suficientes para mantenerlos. Famosa es la predicción apocalíptica de Malthus y famosas son todas las novelas y películas que nos sitúan en futuros cercanos (en algunos casos, ya pasados), en los que sociedades hiperpobladas sufrían todo tipo de estragos por la falta de recursos y el exceso de población.

Nunca se han cumplido estos pronósticos tan agoreros, afortunadamente. Y, si bien la población mundial no ha dejado de crecer de un modo nunca antes visto desde más o menos mediados del XIX hasta el presente, también han crecido como nunca los recursos a disposición de esa población. Frente a los miedos infundados de los tremendistas, la especie humana, en la que deberían confiar más muchos que se autodefinen como humanistas, siempre ha hallado la manera no sólo de generar más y más riqueza, sino de mejorar la calidad de vida de la inmensa mayoría de sus ciudadanos.

En contra de lo que los profetas del fin del mundo no paran de anunciar inasequibles a los constantes fracasos de sus predicciones, jamás antes en la historia los seres humanos hemos vivido tan bien como ahora. El ejemplo más palmario de esta afirmación, que cualquiera puede comprobar en su propia vida, es que si bien hace un par de generaciones el gran problema en la mayoría de los países era que la gente no se muriera de hambre, el problema de la mayoría de esa gente hoy en día es que están gordos y no saben como adelgazar. Frente a las leyendas urbanas, la realidad objetiva: no falta comida, sobra. No nos morimos por falta de recursos. Nos morimos por exceso de peso.

Sin embargo, este aumento poblacional parece haber tocado techo. No es ya sólo Europa la que ve que sus sociedades, cada vez más viejas, comienzan a perder población. Es que también Japón, Corea o incluso China, en Asia, están empezando a sufrir el mismo fenómeno. En países como España hace ya más de una década que la población sube gracias a la inmigración, pero no por la población local que cada vez mengua más. ¿Por qué sucede esto? Otro efecto del desarrollo: las mujeres cada vez más libres y autónomas, ya no se conforman con ser meras fábricas de niños y reducen su número de hijos. A más se desarrolla un país, menos hijos tienen sus mujeres. Es un hecho. Un hecho nunca visto antes y con consecuencias que, nuevamente, romperán todas las previsiones.

*Universidad Autónoma de Barcelona.

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