Bancas del Grupo Aval

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El ambiente natural de Cartagena es uno de sus principales activos turísticos y positivo para la salud de los habitantes. Esta ventaja competitiva pierde valor con la publicidad exterior desbordada, que entre otras cosas, refleja la entrega de la ciudad a los particulares, siendo otra extensión de la inequidad reinante y creciente.

Aparecieron seis bancas en dos parques pequeños de Castillogrande que son publicidad costosa disfrazada de bienestar colectivo. Todas tienen el nombre gigante del Banco Popular y del Grupo Aval, mirando la carretera. Si fue este grupo el que las entregó a cambio de la publicidad, o si fue un funcionario quien buscó la donación, proponiendo el aviso, en ambos casos el mensaje es pésimo, desafortunado y no debe repetirse.

En una aldea urbana con pobreza extrema, sin dolientes, y sometida para exprimirle con torniquete de púas todo lo que salga de sus entrañas, actos como este prueban que no hay sintonía ni hoja de ruta para que Cartagena sea sostenible, ni desde la Administración, ni mucho menos desde los privados.
El Grupo Aval no necesita esta publicidad. Sus ganancias anuales son de billones, y lo mínimo que uno esperaría es que sin recibir nada a cambio, apadrinen al menos dos parques, en donde realmente se requieren. No como los que apadrinaron el parque de San Francisco, que lo barrieron para Navidad, colocaron foquitos y una valla enorme dándose bombo. En las empresas modernas debe existir un compromiso real y sincero, corporativo, de apoyo a sus comunidades de clientes. Si Cartagena colapsa, ¿quiénes usarán sus cajeros automáticos?

Este corte del Grupo Aval es el mismo de un gran número de empresas en el país, algunas ya multinacionales, las que en diciembre ponen arreglos de luces en La Heroica y majestuosos avisos publicitarios, diciendo luego que donaron 8000 millones para eso. Pedrito, este año marca la diferencia, acéptales la donación pero no pongas luces de colores, construye dos edificios adaptados al cambio climático para al menos 40 familias en El Pozón. Este gesto generará una luz tan brillante que todos los locales y visitantes podrán verla resplandecer en el cielo distrital.

Alcalde, intente revisar el funcionamiento y las finanzas de la publicidad exterior. Esta debería generar recursos para el Distrito. Ojalá lidere una normatividad para que nuestros ambientes naturales, playas, manglares, y parques, estén libres de contaminación visual. Los efectos de este estrés ambiental sobre los ciudadanos tienen un precio y debe reflejarse en bienestar colectivo. Si el Grupo Aval quiere dejar las bancas allí, que paguen al menos cinco millones por cada una, y sino, que se las lleven al Banco Popular para sentar a sus usuarios.

 

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