Barrio caótico

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En mayo del año pasado escribí estas reflexiones; enero 2020, la cosa en vez de mejorar empeora. Este mes, cada día ha sido un sobresalto sobre otro; no hay forma de dar una lectura histórica de lo que nos está pasando.

Trato de entender que una constitución, norma de normas, tiene como único objeto social la convivencia humana. Hoy no podemos exigirle a un ciudadano del común que entienda lo que ha pasado en este país en los últimos años. Ya nadie sabe a quién creer y mucho menos a quién obedecer.

Para la muestra un botón, tomemos un ejemplo, un barrio cualquiera. Voy a utilizar a Bocagrande, en Cartagena; pero pasa en todos nuestros barrios.

¿Quién se atreve a definir qué tipo de barrio es? ¿residencial, comercial, turístico, o todos los anteriores? Lo más absurdo de todo es que es el barrio más pequeño y de menor número de hectáreas útiles que tiene Cartagena (menos de 60 manzanas), se ha vuelto una olla en la que todo el mundo hace lo que a bien le dé la gana.

En cada manzana las aceras están tomadas por la informalidad; las calles con un tráfico caótico y denso, no pasa nada y pasa de todo.

Los fines de semana las playas son un amenazante tugurio marino. Cualquiera puede atracar su bote en cualquier parte, acosar al transeúnte y amenazar al que se atraviesa. El área hospitalaria tiene los signos de no pitar, no hacer bulla y respetar al enfermo, pero justo es donde más pitan los taxis. El campito de sóftbol se convirtió en cantina y música a todo volumen, ojalá tuviera el arte de transformar estas letras en sonido y creo que saltarías de la silla al momento de leer este artículo del susto al escuchar la estridencia del ruido. Fuegos artificiales después de las 10 de la noche cualquier día de la semana. Ni qué decir de los ‘pescadores’ de turistas para llevarlos a la paradisiaca Isla de Tierrabomba. El famoso llamado puerto frente al Hospital Bocagrande, que ya tiene varias víctimas encima.

¿Seguridad? Hoy tenemos casas y edificios con subarriendos para turistas que no cumplen con formalidades. Lugares de muy poca reputación, microtráfico, atracos a los carros y personas que deambulan en su barrio.

Los negocios formales que le representan ingresos por tesorería al Distrito pasando dificultades por competencias desleales e informales, en las narices de la autoridad. Y no hablemos del asalto visual a las buenas costumbres y el buen comportamiento, nos rajamos. En cada poste vemos cables que ni un neurocirujano podría desmarañar. ¡El ecosistema destruido!

Vuelvo al principio de este escrito, ¿si el ejemplo lo da el loquero que se espera del loco? Triste y doloroso ejemplo que están dando nuestros líderes sobre la autoridad, seguridad y justicia en este país. Autoridad, ¿dónde estás? Despertemos bocaleño y cartagenero.

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