Béisbol

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Octubre ha sido tradicionalmente época de aguaceros y béisbol en el Caribe. La serie mundial (que solo es gringa) tiene innegable influencia en las Antillas, cuyo aporte en actores es notable y estimulante. Por otra parte, se inician en todos los países del área torneos invernales del Rey de los deportes, algunos con mayor calidad que otros, pero todos congregando innumerables fanáticos.

Seguir el béisbol de USA, es uno de los pocos momentos gratos, ante esa caja de perturbación y estupidez que se convirtió la televisión. Así podemos descansar de matanzas, ultrajes, despojos y miseria, cuando no de culebrones que exaltan conductas antisociales.

Las transmisiones de béisbol tienen todos los ángulos y detalles que aseguran el mejor soporte para disfrutar ese espectáculo comentado por expertos. La nostalgia nos lleva a los narradores y comentaristas en la radio dueños de la audiencia. La gracia picante de Marcos Pérez, el talentoso Napoleón Perea, la inteligencia de Melanio, el ecuánime relato de Payares Villa. Después Telecaribe presentó a Mike Schmulson con estadísticas sospechosas y simpáticos comentarios. Fueron compañeros de buenos momentos, porque ahora apenas es feudo de bicicletas y fútbol.

Así como en la fiesta brava hay toristas y toreristas, en el béisbol hay amigos de los batazos y otros que disfrutan el dominio de lanzadores. Aunque el homerun siga siendo el clímax, lo sublime.

Cautivan las estrategias que se adoptan en el béisbol. Un deporte que combina malicia con virtuosismo, señas y asesorías, permite análisis y observación. Se sale de la exclusiva velocidad y fuerza de atletas poderosos.

Este deporte que va con el Caribe trasciende condiciones físicas. Es uno de los pocos donde se permite acceso a gentes de todas las dimensiones y pesos, y rinde tributo al desempeño y la armonía.

Los gigantes corpulentos se integran con otros rápidos y ágiles. Cada quien, en su especialidad, para jugar la mejor pelota con rigor mental y exquisitas performances que entusiasman. Es quizás el único donde no se exigen medidas mínimas. Allí el corazón supera con creces los estragos que el subdesarrollo de centurias, haya podido causar a gentes con todo el derecho a la gloria deportiva.

Que la vocación Caribe por esta disciplina acompañe nuestra juventud. Ojalá se masifique su práctica, para combatir drogas y violencia, y nos integre como gentes civilizadas.

Hoy el fenómeno Urshela desvela a cartageneros y a la patria toda, por su formidable desempeño. Teherán, Quintana y Guerrero lanzadores de excepción, Mercado, Ramírez, Solano y Alfaro, una pléyade de muchachos con jugadas maravillosas, que nos han llenado de satisfacción y alegría.

También surge un renglón económico que ayudará a compensar la balanza de pagos con los salarios de estos semidioses de la pelota.

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