¿Bien común o riqueza privada?

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Cuando Klaus Schwab, en la ciudad suiza de Davos, cantón de los Grisones, implementó este Foro Económico, pensó en una reunión de las grandes economías mundiales y estoy seguro de que tenía muy buenas intenciones: la misión del Foro es mejorar el estado del mundo, mediante el análisis del panorama internacional y la identificación de retos, desafíos y oportunidades globales, especialmente en esta época, que por su avance digital va hacia una verdadera transformación.

Es la mera cuarta revolución industrial con posibilidad de aumentar los niveles de ingresos y la calidad de vida de la población del mundo.

Pero la verdad que este resultado del Foro no se ha dado y según los informes tampoco se va a cumplir este año, porque los grandes cacaos que gobiernan el mundo, no han querido lograr la cura del cáncer más extenso de esta época del tercer milenio digital, ¡y es!” la injusticia social.”

Mientras centenares de millones de individuos viven en la extrema pobreza, las fortunas de los billonarios han tenido un crecimiento récord, y el mismo número de billonarios se ha duplicado.

En estos últimos diez años, después de la crisis que azotó las economías mundiales, causando grandes sufrimientos a los más pobres, los cacaos han multiplicado sus riquezas, ganándose la friolera de 2500 millones de dólares por día, mientras los ingresos de la mitad de los pobres han caído un 11%.

Según OXFAM, de un dólar de impuesto a los ingresos, solo 4 céntimos provienen del impuesto a la riqueza. Los más ricos esconden al fisco billones de dólares y en algunos países los más pobres pagan impuestos más altos en proporción a sus ingresos, que los más ricos.

Es decir, que el sistema de impuestos esta diseñado para mantener el statu quo, “más pobres más ricos”. Esto parece cantar un sistema que no prevé que el que gana más paga más.

Según OXFAM, si los ricos pagaran un 0,5 % más de impuestos, problemas estructurales de países enteros podrían ser resueltos. Pero muchos gobiernos están tasando menos a las grandes riquezas y a los ricos individuales e invirtiendo menos o nada en los servicios públicos como salud o educación, que ya han dejado de ser, en algunos países, derechos fundamentales del hombre.

Además, la injusticia social es sexista. Las mujeres ganan un poco más de la mitad de lo que ganan los hombres por los mismos trabajos. Además, la injusticia social es asesina, ya que millares de niños mueren de hambre, y por la falta del servicio de salud.

Y la injusticia social es anticristiana.

Cristo dijo que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, a que un rico entre al reino de los cielos.

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