Bodegas de la infamia

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Actualmente es fácil emitir información y hacerla viral, pero al tiempo resulta difícil distinguir entre la verdad y la mentira. Toda obra humana lleva la marca indeleble de nuestros sentimientos y las manifestaciones en redes no son la excepción, representan el reflejo del ser y sus pasiones.

Los avances tecnológicos pueden ser instrumento de bien o del mal, el contenido lo definimos nosotros, esa es una constante de las relaciones personales y virtuales. Pero ha resultado nefasto el empleo de los medios de comunicación social para emitir noticias falsas de manera deliberada y lo más preocupante es el uso profesional de estas maniobras, que encuentran diversas motivaciones entre las que se resaltan: desinformar, manipular, desprestigiar e incluso, acreditar a quien no lo merece, la mayoría de las veces con finalidad política o comercial.

Esta actividad no es novedosa, la difusión de contenido perverso es una constante histórica, solo que hoy es más fácil lograr este objetivo por la rapidez en que se viraliza el material. En esta era digital se usan ejércitos humanos, quienes antes se ubicaban en amplias bodegas con equipos de cómputo especializados, ahora la dinámica es que cada uno de los miembros está asociado a varias cuentas y, de esa forma, generan y distribuyen con eficiencia los venenosos mensajes.

También se utilizan los famosos bots, con inteligencia artificial y amplios motores de búsqueda o rastreadores de información, que luego capitalizan para dirigir con más eficiencia las fake news. Esta interesante actividad es conocida como minería de datos y funciona con estadísticas y algoritmos sofisticados que permiten un análisis predictivo por reglas de asociación. En síntesis, se logran ubicar patrones comunes en los receptores que los hacen atractivos para los fines perseguidos, razón por la que pareciera que nuestros dispositivos celulares leen la mente y se anticipan a las necesidades.

Estas dos formas son efectivas para direccionar los ataques a la reputación desde lo clandestino, funcionan al mejor estilo de los sicarios, pero con la moral. En esa liza no hay ganadores, todos pierden, el afectado por la infamia, la sociedad global que es timada y los medios que ven diluida la confianza que antes posaba sin fracturas.

Las autoridades cuentan con expertos y tecnología necesaria para develar autores. Esperamos resultados que contengan a los perversos detrás del negocio de macular la dignidad. Entretanto, la solución está en nuestras manos. Analizar la información que nos llega, evitar difundirla sin confirmación, no seguir cuentas anónimas que solo dan rienda suelta a la maldad y no tienen forma de responder por lo dicho. Estamos expuestos a la ignominia, este no es un problema de otros, nos interesa a todos ¡El próximo blanco puedes ser tú!

*Abogado.

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