Columna


Bomba de tiempo

EDUARDO GARCÍA MARTÍNEZ

21 de noviembre de 2020 12:00 AM

Se volvió costumbre que el Gobierno no evite tragedias sino que llegue después de ellas. Si llega, porque a veces ni eso. Ha quedado demostrado una vez más con el paso del huracán Iota que causó graves afectaciones en Cartagena y otras ciudades, pueblos y lugares del Caribe colombiano, y devastación en las islas de San Andrés y Providencia. Se podría decir que eventos de esa naturaleza no se pueden evitar y que siempre vienen acompañados de tragedias, dolor y daños de consideración, aún en países del primer mundo. Puede ser cierto hasta cierto punto pero el asunto tiene otras aristas.

En Cartagena, por ejemplo, se sabe desde hace mucho tiempo que centenares de familias habitan en zonas de alto riesgo donde exponen sus vidas y el Gobierno poco o nada hace para reubicarlas y evitarles que la tragedia les llegue en cualquier momento. El caso del cerro de La Popa es paradigmático y cada vez más familias empujadas por la necesidad se ubican en sus faldas a pesar de los riegos que ello implica. El coletazo de Iota puso de nuevo en perspectiva el duro drama que a diario enfrentan quienes tomaron las faldas del cerro para vivir. Derrumbes, casas destruidas y drama humano a flor de piel, es solo la punta del iceberg. En La Popa hay una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento. Esa bomba también está en Albornoz, la Loma del Marión, La María, El Pozón, Arroz Barato y zonas aledañas a la ciénaga de la Virgen.

Se sabe desde hace mucho tiempo que los drenajes pluviales son necesarios para evitar inundaciones y solucionar de forma integral los problemas que afectan a decenas de miles de personas pero no hay acción a pesar de tenerse todos los estudios, saberse cuánto cuestan las obras y de dónde deben salir los recursos.

El drama que vive Cartagena, con más de 150 mil damnificados, no es solo obra de la naturaleza aunque se le quiera echar la culpa a Iota. Es resultado de no hacer lo debido hace años por parte de quienes han administrado la ciudad. Con drenajes pluviales y otras obras pendientes en función, otra sería la historia: el impacto de lo inevitable hubiese sido mucho menor. Con el cambio climático encima, es necesario preparar la ciudad para evitar males mayores. Ojalá sea cierto que el Gobierno nacional financiará la reubicación prioritaria de viviendas. De promesas incumplidas hemos vivido siempre.

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