Columna


Buena persona

“Lamento mucho que el señor Oliveros tome esa posición recalcitrante, posiblemente producto de un instante de agitación. Si me disculpan, ¿qué van a protestar (...)”.

MAURICIO IBÁÑEZ

05 de diciembre de 2019 12:00 AM

Uno de los principios de vida que más insisto con mis hijos es que sean buenas personas. No importa si pierden o ganan el examen, no importa si tienen muchos o pocos amigos, lo importante es que sean buenas personas, aun a pesar de sus luchas internas. Esto incluye actuar con responsabilidad, en todas las áreas de nuestra vida. Esta palabra, sin embargo, es poco difundida en nuestra cultura moderna, y muchas veces olvidada, como le sucedió en su columna de ayer al titular de la opinión República Independiente.

Tan desobligante han sido los comentarios racistas y discriminadores que afirma haber escuchado de fuentes no identificadas, como irresponsable el contenido en contra de los barrios peninsulares de nuestra ciudad. Y no me refiero a Bossio, a quien ni conozco ni me representa. La conclusión a la que el escritor llega es falsa, desconociendo que como en cualquiera de las ciudades de todo el mundo, hay barrios de viviendas más costosas en donde lógicamente vive gente pudiente, que no por ello nos merecemos un trato así, tan atrevidamente generalizante. Pero decir que estos barrios son exclusivos es una locura. Quizás él no ha paseado por nuestras destruidas calles y andenes, o no se da cuenta de quienes ocupan los espacios públicos. Quizás tampoco ha ido a las playas últimamente, donde personajes como Euclides en Castillo, tiene un rincón bien organizado, limpio y con buenos servicios para residentes y turistas. A nadie se le cobra peaje por entrar ni parqueadero por estacionar en las calles de estos barrios, dineros, a propósito, muy necesitados por la ciudad, precisamente que podrían servir para cerrar brechas. Los vecinos de otros sectores son bienvenidos en nuestros parques, aunque a decir verdad, otros parques están mejor equipados.

Lamento mucho que el señor Oliveros tome esa posición recalcitrante, posiblemente producto de un instante de agitación. Si me disculpan, ¿qué van a protestar en estos barrios los marchantes, si los gobiernos contra los que desean manifestarse escuchan más en las plazas donde además hay espacio suficiente para las pancartas y los coros? No me queda duda que la autoridad actuó como era debido, protegiendo la propiedad privada, tanto comercial como residencial, desde donde, además, obtienen su sustento un importante número de personas de los estratos más necesitados. Tampoco me cabe duda que lo mismo hubieran hecho, si manifestantes entran con tono de contundencia, a cualquier otro barrio o vecindario de la ciudad, a donde no tienen nada que buscar. Deberíamos ocuparnos de compartir nuestras opiniones con la responsabilidad que el contexto de nuestra historia y nuestro presente merecen, pero sobre todo sin olvidar la misión de ser buenas personas.

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