Columna


Buenaventura

MAURICIO IBÁÑEZ

08 de diciembre de 2023 12:00 AM

El viaje en carretera entre Cali y Buenaventura abarca el cruce por la cordillera oriental y una distancia de unos 140 kilómetros que cuesta menos de diez mil pesos en un solo peaje. La mitad de la vía, entre Loboguerrero y el puerto, es toda de doble calzada, atravesada por una docena de túneles. La majestuosidad del paisaje me recuerda que toda esa selva colombiana le aporta oxígeno puro al planeta, y esconde especies de animales y plantas que media humanidad ansía descubrir o fotografiar.

Buenaventura ha cambiado, a pesar de la violencia que la circunda por culpa del narcotráfico. Se notan esfuerzos de las administraciones por ofrecer a sus habitantes espacios de esparcimiento y desarrollo de su cultura. En la isla, donde se desarrolla la actividad comercial y portuaria, hay parques, caminos peatonales, muelles bien cuidados. Hay buenos hoteles, incluido el emblemático hotel Estación, y otros negocios que deben prosperar en discreción para evitar caer en manos de la extorsión. La comida es deliciosa, el folclor pegajoso, y la gente siempre tiene una sonrisa muy blanca con que atenderte. Todo esto son muestras de una ciudad que quiere sobresalir en el panorama nacional. Recientemente, un buque con turistas alemanes hizo su aparición en el muelle. Quizás sea un abreboca que despierte la conciencia del gobierno local y nacional sobre el potencial turístico que ofrece el principal puerto del país, y quizás el más verde del mundo.

En las islas vecinas a esta gran bahía de agua salobre, rodeadas de nutridos manglares, pululan aves migratorias. Y también hay enormes cocodrilos, cuya población ha venido creciendo en los últimos años. La temporada de ballenas jorobadas comienza en agosto, y dura aproximadamente 3 meses, ya en el mar abierto, por donde también se pueden visitar innumerables ensenadas y bahías: nuestros fiordos sin montañas, si se quiere.

Pero hay algo que Buenaventura no tiene. No tiene suficientes conexiones aéreas, lo que magnifica su distancia. Dos vuelos semanales en aviones pequeños es todo lo que conecta la ciudad con la capital del país. Algunos otros vuelos privados se organizan desde Cali. Tumaco, de mucho menos peso económico, tiene más frecuencias. Si hay un turismo hacia la rica pero tórrida península arábica y sus desiertos, me pregunto por qué no hemos hecho turismo de una de las zonas más lluviosas del planeta. Quizás un programa en donde se invite a turistas solamente ver llover por horas en medio de la selva y se impregnen de esa sensación.

Buenaventura es una de las ciudades más atrasadas del país. Pero su gente está lista para recibir a los visitantes. Si se aventura a soñar convertirse en la Guayaquil de nuestro Pacífico, le gana con creces. El país debería darle la mano.

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