Cachos van y Cuernos vienen

05 de junio de 2009 12:00 AM

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Un titular de “El Tiempo” del 24 de mayo pasado dice: “José vive con dos esposas y 15 hijos”, y agrega que es el bogotano con el núcleo familiar más numeroso, según la base de datos del Sisben. Nos llama especialmente la atención la convivencia armoniosa de las dos mujeres con sus numerosas crías, lo que evita el mayor gasto que supondría mantener dos hogares separadamente. Yo supe de un caso en Cartagena. Un negociante en carne tenía tres mujeres en tres “accesorias” contiguas la una de la otra. En este caso se conjuga la expresión de “juntas pero no revueltas”. Como a todas les había dado “lo suyo” y cumplía con el diario para el mercado, no había problema. Se turnaba para dormir una noche con cada una y, si alguna estaba indispuesta, siempre había dos de repuesto. En el Génesis, capítulo 29, nos encontramos con que Jacob, uno de los primeros patriarcas del pueblo de Israel, se casó con Lía y con Raquel, hermanas entre sí, y primas suyas. Él fue el padre de 12 hijos varones, así: Rubén, Simón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón, con Lía; José y Benjamín con Raquel; Dan y Neftalí hijos de Bilá, sierva de Raquel; Gad y Aser hijos de Zelfa, sierva de Lía. Así, todo es cuestión de las culturas en las que crecemos y nos relacionamos. Pero, ¿qué decir de la mujer que teniendo marido, sostiene relaciones íntimas con otros hombres? A ella se le aplican todos los agravios. Todavía hay pueblos donde es corriente la lapidación para la mujer adúltera. Entre los antiguos hebreos esa era la ley, pero Jesús contraría la tradición drástica cuando se muestra clemente con una mujer adúltera a quien iban a apedrear. Ver Juan 8:1-11. Su sentencia lapidaria quedó para la historia: “El que se halle libre de pecado que tire la primera piedra.” Del libro “La Invasión Roja”, de Francisco Gómez Valderrama, obtengo alguna información de lo que podríamos decir es una poligamia invertida en el Tíbet. Una mujer humilde mantiene relaciones secretas con un Lama (monje) que, se supone, debía ser célibe. Se aman apasionadamente. Ella cuenta al amante que sus padres, muy pobres, quieren entregarla en matrimonio a Turog, un hombre a quien ella detesta, pero además agrega: “Me horroriza caer en las manos de Turog que tiene dos hermanos y me obligará a ser también la esposa de ellos.” Dos muchachas de la aristocracia conversaban acerca de su virginidad y aseguraban querer llegar en ese estado al matrimonio. Una de ellas ambicionaba casarse con un hombre que tuviera un hermano mayor. La amiga le pregunta si su deseo era ser esposa de dos hermanos. Ella le contesta que el otro hermano quedaría allí como reserva, en caso necesario. De regreso a nuestra costa norte nos encontramos con que en un pueblo del Bolívar Grande vivía Heriberto con su esposa Pachita. Por razones de trabajo él se ausentaba por semanas, mientras Pachita hacía de las suyas. El pobre Heriberto, sin proponérselo, cobró fama de cornudo o de cachón. Para el “Dulce Nombre” hubo corraleja. Heriberto, animado con unos aguardientes, se le metió al toro manta en mano. Cuentan lo amigos que el toro se lo quedó mirando y le dijo: “¡Hola Berto! Tú tienes más cachos que yo. Así pues, más bien, te voy a morder”. fhurtado@sprc.com.co

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