Columna


Cada vez más lejos...

JAVIER RAMOS ZAMBRANO

JAVIER RAMOS ZAMBRANO

02 de agosto de 2020 12:00 AM

Escribí esta columna antes de que saliera ayer el nuevo reporte del Minsalud sobre el COVID-19 en Colombia. Es decir, el último dato que tengo es que de los 295 muertos que hubo en el informe del viernes, ninguno fue en Cartagena. Esto, aunque sin duda hay que averiguar mejor cómo es que de un día para otro pasamos de 10 fallecidos a 0, suena alentador, más aún cuando vemos que hay más UCI disponibles y que la mayoría de los contagiados se recupera de manera satisfactoria.

Pareciera por momentos (y por cifras) que estuviéramos poco a poco aprendiendo a mantener lejos el coronavirus. Ese que veíamos por televisón en China y que se pasó con furia a Italia y España. De repente, la pandemia, sí, llegó al país, a nuestra Cartagena y con ella la incertidumbre. Luego la preocupación por la salud de nuestra gente, y la economía a pique, con un turismo borrado de tajo. Entonces empezamos a escuchar más historias tristes que alegres: hambre, contagios y muertes a diario. Aún casi nadie de los que conocíamos caía, por eso varios de nuestros amigos en absurda lógica hablaban de que los médicos formaban parte dizque de un cartel, o que entrabas con una enfermedad y salías con el virus; que “qué va, eso es una gripita”, decía un amigo que invitó a unos conocidos a su casa a tomar cervezas y que ahora lamentablemente llora a su padre. Hoy, con dolor, se arrepiente, usa tapabocas y veo que no se quita unas gafas oscuras, se lava las manos cada vez que puede y no deja que en la calle nadie se le acerque. Y recuerda cómo hace tres meses en el barrio aprovechaban la cuarentena, pero para ir a jugar fútbol en la esquina, juego que finalizó al llegar la tragedia a su hogar, aunque un par de esos muchachos que se contagiaron le ganaron la partida al COVID.

Por lo menos ya en su zona la mayoría de sus habitantes están conscientes de que el COVID no es un juego. El “escaparate” que sonaba todos los viernes y sábados en la noche para “alegrar” la calle (con vecinos en las terrazas) se quedó mudo desde la muerte del padre del amigo. Qué lástima que hubiese pasado así, qué triste que no se pudo evitar lo evitable con recomendaciones sencillas.

Hoy a la tienda todos van con tapabocas, eso no se veía. Hacen fila, nadie se toca la cara y los chismes se los prefieren tragar. Al que llega sin tapabocas no solo lo miran raro, le piden que se devuelva a buscarlo. En las mañanas, se ven grupos de personas haciendo ejercicio, pero a distancia. Hoy, ese sector respira mejor, el virus está cada vez más lejos.

Duele toda la gente que hemos perdido, los empleos que se han acabado, los negocios que han quebrado porque en un abrir y cerrar de ojos se nos metió el COVID-19. Da esperanza saber que tendremos una vacuna antes de lo que nos imaginábamos. Pero reconforta más ver que la cifra de muertos no está siendo tan alarmante como se creía al principio. La clave, no bajar la guardia.

*Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz

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