Cambio Liberal

28 de marzo de 2010 12:00 AM

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Las encuestas no favorecen a Rafael Pardo ni a Sergio Fajardo. A menos que suceda algo inesperado o hagan algo inusualmente novedoso, no despegarán. Germán Vargas no está mucho mejor excepto porque en la última encuesta de El Tiempo y la W, revelada el viernes pasado, está entre los cuatro candidatos que los encuestados esperan que pueden pasar de la primera vuelta con porcentajes de dos dígitos (mayores de 10), después de Santos, Noemí y Mockus, en ese orden. Si las cosas siguen así, Pardo y Fajardo tendrán que adherir a alguien, o retirarse. Esto último causaría un problema dentro del liberalismo, que tiene un número importante de congresistas y de votos. Este no es el caso de Fajardo. Podría unirse a Mockus, excepto porque está jugado y había prometido seguir hasta el final; y porque le gusta el papel de candidato, a diferencia de Rafael Pardo, al que parece incomodarle, excepto cuando el partido Liberal lo escogió como candidato presidencial, cuando pronunció un discurso excelente y mostró su madera de candidato. Fuera de ese día, no ha mostrado ganas de hacer campaña. Al otro día de ser elegido invitó a Vargas Lleras a una alianza y a una consulta, con lo que se puso otra vez de precandidato. Luego se dedicó con entusiasmo a ser el jefe de su partido, posición que parece gustarle más que el papel de candidato y que ha desempeñado adecuadamente, pues el liberalismo conservó el número de congresistas, a pesar de pasar a tercer lugar después de la U y del Partido Conservador. Este no es un resultado que le reconozca el electorado y perdió puntos con el voto de opinión por haber cobijado dentro del Partido a familiares de personas vinculadas con paramilitares; y por haberse entregado a Samper, de quién se está diciendo que ha logrado lo que nadie había conseguido hasta ahora, que consiste en haberse tirado dos partidos, el Polo y el Liberal, en una misma elección. La iniciativa de Vargas Lleras de proponerle a Pardo y a los liberales que lo acepten como su candidato no es tan descabellada. Lo descabellado sería que el liberalismo adhiriera a Cambio Radical, a pesar de ser este el partido más pequeño de los dos. Si se hace la alianza al revés y Cambio regresa al Partido Liberal, se conformaría un directorio con representación proporcional al número de congresistas de cada uno de los dos partidos y quedaría de candidato quien esté adelante en las encuestas a mediados o a fines de abril, y el otro, de jefe del partido unido. Las plataformas políticas de los dos tienen muchas afinidades y no habría problemas ideológicos insalvables, salvo que Pardo quiera invitar nuevamente a Petro, que no aceptaría porque de los tres es el que mejor está en las encuestas. La Presidencia, ahora o dentro de cuatro años, bien vale un Cambio. Lo que deberían tener en cuenta estos candidatos que van tan atrás es que mientras los dos punteros, Noemí y Santos, se esfuerzan para demostrar que sus programas giran alrededor de la “seguridad democrática”, ésta ha pasado a cuarto o a quinto lugar en las prioridades del público, que espera soluciones para el desempleo, pobreza y salud. El candidato que los convenza de que las proporcionará satisfactoriamente tendrá buena oportunidad de correrle el piso a los dos candidatos “uribistas” que van adelante. Deberían pelear en el terreno que los favorece. rhommesr@hotmail.com

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