Columna


Cambios Fundamentales

JESÚS OLIVERO

07 de mayo de 2021 12:00 AM

Las protestas actuales son avalanchas, irremediablemente aparecen cuando la deforestación social carcome la montaña de la sociedad. Cansados del abuso y ante un nuevo hierro caliente sobre las espaldas, los colombianos levantan su voz. Mejorarlo todo es posible, pero toma mucho tiempo, y como ciudadanos debemos esforzarnos más, especialmente en las urnas, para avanzar más allá de la reforma tributaria o la ley de salud.

Ninguna reforma tributaria generará efectos en la sociedad si no aparecen cambios fundamentales en la amañada red económica. Mientras el Covid-19 saborea el alma de los manifestantes, la corrupción engorda y observa desde edificios altos, multinacionales ahorran millones de dólares en zonas francas sin beneficios visibles para todos, mineras usan más de cien prebendas para no pagar impuestos, peajes ordeñan lustros después de haber recuperado varias veces la inversión, pagamos dragados para puertos privados, a los bancos le regresamos $94 de cada $100 pagados en renta, cobrándonos hasta el respiro, y los CDTs pagando menos que la inflación, sin contar exenciones millonarias sin razón, todas arraigadas a lo cotidiano.

Días antes de las manifestaciones varios medios sacaban en primera página a delfines desesperados por llegar al poder y hacer lo mismo que estamos viviendo. Eso por un ojo, pero por el otro, los populistas azuzan a sus seguidores a las calles, mientras sueltan carcajadas de júbilo al ver crecer la destrucción y los muertos, pensando que eso los posicionará en las elecciones. Solo los tontos creen que en una sociedad con alta delincuencia las marchas serán pacíficas, y eso es macabro cuando miles de jóvenes con sueños salen a la calle a convertirse en carnada para las estadísticas de los muertos por balas perdidas.

Alguien comentaba su disponibilidad de exponerse al SARS-Cov-2 antes de seguir aguantando la situación económica tan perversa. Respetable opinión, pero si además de vivir mal contagiamos a un familiar y días después lo enterramos, perdemos lo irrecuperable. Para remate, vivimos en una sociedad enferma e hipócrita. Aquí los maleantes son influyentes, con medios exaltando estupideces de quien con martillo en mano destruyera Transmilenio, y los reyes de farándula apoyando las marchas para sus likes, pero sin cantar para exigir mejores condiciones sociales, ni dar conciertos para hacer escuelas. Necesitamos cambios, pero debemos empezar por nosotros mismos. Dejemos la esclavitud mental hacia el caudillismo, valoremos el voto, leamos y estudiemos más, protestemos sin violencia, pero sobretodo, mantengámonos vivos.

*Profesor.

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