Columna


Camino sin salida

CARMELO DUEÑAS CASTELL

01 de noviembre de 2023 12:00 AM

Al principio la juventud los animó con la fogosidad del deseo y la pasión. El tiempo dio paso a la ansiedad y a la frustración y casi sepultó toda esperanza. Ella, sintiéndose culpable y consciente de la imperiosa necesidad de un heredero, veía perdido su linaje y la estirpe de su marido; creyó ver un mensaje divino al encontrar a su esclava egipcia arreglando su tienda. Tras varias lunas sin una sola falta, y de rumiar la difícil decisión, le propuso a su marido que yaciera con la esclava. Nueve meses después nació el niño y allí empezó el sufrimiento de la esposa; las otrora atenciones de la esclava se trocaron en desdén y desprecio hacia su ama. El destino cambió el futuro cuando Sara quedó, ¡por fin!, embarazada y luego del parto de Isaac convirtió su sufrimiento en venganza obligando a Abraham a expulsar a Agar y al pequeño Ismael al desierto de Beerseba.

Durante cuatro milenios ambos pueblos se han reencontrado en ese pequeño rincón del universo, plagado de historia y enfermo de geografía. Por ello se entiende, aunque no se compartan ni mucho menos se justifiquen los intentos de judíos y árabes por negar la cruda realidad de la existencia del otro, la obligatoriedad de vivir juntos y que, además, la subsistencia de uno está atada, inexorablemente, a la aceptación del otro.

La tragedia de los dos pueblos, el de Isaac y el de Ismael, pasa por sufrimientos, castigos y venganzas. En un doloroso discurso, el embajador palestino en la ONU mencionó que “la venganza es un camino sin salida”. Y es cierto, allí, en Beerseba, muy cerca de donde Ismael y Agar casi perecen, fue el ataque de Hamás a Israel hace 25 días. Y así ha sido la historia de entre los dos pueblos.

Nunca como ahora, cuando el pueblo judío tiene razones para la venganza, el mundo entero lo critica por el desmedido castigo y sufrimiento impuesto a inocentes. Nunca como ahora la paz había estado tan lejos y tan cerca.

Y ese camino de venganza lo aleja más de la tan anhelada paz y seguridad, y lo deslegitima. Y está claro, no ha habido rincón de la historia en donde no se haya instalado el impulso de venganza como consecuencia del sufrimiento. Es el sufrimiento la madre de todas las venganzas. Ya lo decía Nietzsche: “Allí donde había sufrimiento debía haber castigo”. Se trata de un círculo vicioso que no entiende final sin un castigo. Y el espíritu de venganza que surge así corrompe, destruye, anula tanto al autor como al objetivo e inclusive al más elaborado y virtuoso de los ideales.

La única salida en ese callejón es encontrar al ser humano capaz de soportar el sufrimiento sin buscar castigo y trascender al impulso de venganza. Lo decía el genio: “El olvido es la única venganza”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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