Columna


Canal del Dique: la navaja suiza de la infraestructura

MARTA LUCÍA RAMÍREZ

30 de agosto de 2020 12:00 AM

Las lluvias no cesaban en Bolívar, Atlántico y Sucre. El agua de un río Magdalena inmanejable golpeaba el muro oriental del Canal del Dique a la altura de Calamar. Finalmente, la barrera cedió y el 30 de noviembre de 2010 la corriente del río entró descontrolada a la zona del canal. En cuestión de minutos, cinco municipios quedaron completamente bajo el agua. Ese día miles de personas de Manatí, Santa Lucía, Candelaria, Campo de la Cruz y Repelón quedaron a la deriva. La solución tardaría más de 10 años en materializarse.

Hoy los habitantes de los 20 municipios ribereños del Canal del Dique que aún sienten la amenaza del Río Magdalena sobre sus viviendas, cultivos, pesca y actividades productivas, están cada vez más cerca de beneficiarse de esa solución definitiva.

Y no solo ellos. Los habitantes de Cartagena verán el turismo robustecerse gracias a que la sedimentación que carga el Canal del Dique y que contamina su bahía será controlada, y a que nunca tendrán que preocuparse ante la posibilidad de consumir agua salada.

El Canal del Dique regulará las aguas del río Magdalena conforme se dan los ciclos de lluvias. Esto permitirá asegurar su navegabilidad, la cual con el tiempo espero que transporte más que solo crudo desde Barrancabermeja.

También dará pie a que las economías locales aprovechen la agricultura y pesca. La primera mediante un sistema de riego más ordenado, y la segunda porque permitirá el flujo de aguas entre ciénagas para permitir el paso de los peces.

Estos múltiples propósitos hacen que el Canal del Dique sea el proyecto navaja suiza de la reactivación.

Esta semana, en compañía de representantes de los ministerios de transporte, comercio, vivienda, agricultura y medio ambiente, participamos en un foro organizado por el Banco Mundial. Allí expertos de Francia, Polonia y Chile, nos compartieron sus experiencias poniendo en marcha este megaproyecto, y nos dieron el último empujón para finiquitar el que quizás es el proyecto multipropósito más ambicioso de la historia de la infraestructura del país.

Para el gobierno esta iniciativa no podía darse el lujo de salir mal porque la tragedia de 2010 no debe repetirse nunca más.

Consciente del grado de complejidad y la multiplicidad de los impactos del proyecto, en noviembre de 2019 fuimos a Washington a hablar con Axel Van Trotsenburg, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe. En esta visita, logramos concretar una asistencia técnica para la ANI en temas técnicos, ambientales y sociales para la estructuración.

Nos alegra y brinda seguridad que un aliado con tanta experiencia nos guíe , y de paso, nos satisface pensar que estamos acumulando conocimiento en desarrollo fluvial, para que entidades como la ANI, Cormagdalena, la ANLA y el Fondo de Adaptación, acumulen experiencia y la repliquen en iniciativas similares.

Debemos reconocer a todos los ministerios y entidades que coordinadamente trabajan para sacar adelante un proyecto de tal envergadura. Vemos su esfuerzo y es posible asegurar que adjudicaremos esta megaobra en el primer semestre de 2021.

Pero un plan de esta magnitud requerirá una coordinación interinstitucional milimétrica, incluso después de lograda su adjudicación. Esto nos conmina a caminar para el mismo lado por los próximos años para que en compañía del sector privado, logremos que el Canal del Dique represente la ruta hacia una Colombia que sabe gestionar eficientemente unos de sus mayores recursos: el agua.

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