Cano estremera

16 de marzo de 2019 12:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Generalmente, los seres humanos nos acordamos de los demás cuando les sobreviene alguna desgracia, emergencia o muerte. De lo contrario, nos parece normal que estén ahí, respirando, como cualquier organismo sobre la tierra.

Confieso que tenía varios años de no acordarme de Carlos “El Cano” Estremera, a quien en los setenta (si no me falla la memoria) comenzaron llamándolo así, pero, con el paso de los años, el apodo terminó afianzándose como si fuera su nombre de pila: “Cano Estremera”.

Supe de él cuando sonó en Cartagena su interpretación del son montuno “La boda de ella”. Y eso fue como a principios de los 80, cuando lo afrocaribeño estaba siendo conquistado por la llamada “salsa romántica” o “salsa erótica”, pero Cano Estremera era de esos cantores que insistían en seguir descargando como en años anteriores: con sonería copiosa, ocurrencias chistosas y, sobre todo, mucho sabor a calle, a esquina, a domingo cervecero.

A finales del año pasado volví a escuchar su nombre cuando se regó, en las redes sociales, la noticia de su presunta muerte, pero después se aclaró que solo le habían diagnosticado una fibrosis pulmonar, que tenía como únicas alternativas de curación la intervención de la mano de Dios y el trasplante doble de pulmones.

Ambas cosas operaron al final: Dios permitió que saliera airoso de la operación, y ahora está en Filadelfia recibiendo las visitas de sus colegas más allegados, pero es poco lo que la prensa se ha ocupado de él, tal como en tiempos pretéritos registraban sus procacidades en las tarimas, cuando se abría a improvisar versos que provocaban la risa o la indignación.

De pronto no era el más elegante, ni el más ordenado, pero lo que no debe negarse es su evidente gusto por las buenas orquestaciones, lo que puede constatarse en las grabaciones que logró con las orquestas Mulenze, la del bajista Boby Valentín y con el resto de artillerías que lo acompañaron en sus giras por el occidente y pacífico de Colombia; y en Perú y Ecuador, donde su fanaticada es monstruosa.

En Cartagena, fuera del pequeño gremio salsero, se le recuerda solo por “La boda de ella” y “Te amaré”. Pero, husmeando bien su discografía, se encuentran verdaderas joyas de la buena salsa como “Canta mi gallo”, “El toro”, “El muñeco de la ciudad”, “Arrepentíos pecadores”, “Viernes social”, "Eres tú", "Amor a medio tiempo", "Ámame en cámara lenta", "Manuel García", "Si me caso mejoro", "La mujer y la primavera", "Me quedé con las ganas", "La novia automática", "Awilda", "El compromiso", "Nací y así soy" y "Aprovecha lo mío", entre otras.

La dicen “El pibe de oro” o “La titular del soneo”, remoquetes surgidos de su habilidad repentista, aunque el haberse iniciado como percusionista en el barrio Santurce, de San Juan de Puerto Rico, explica muy bien de dónde sale el swing con que acompaña sus improvisaciones. Fuerza para Cano.

*Periodista

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Columna

DE INTERÉS