Columna


La odisea siglo XXI: Canto al caos de la Fantástica

Jaime Dávila Pestana Padrón

02 de diciembre de 2021 12:00 AM

Soy habitante del mundo de Mamonal, allí vivo la mitad del día de lunes a viernes, pertenezco a ese conglomerado que no se ve pero que sabe y se sabe quiénes son y que están allí, ese grupo humano al que la gente le pregunta: ¿Ajá y que te has hecho? ¡No te veo nunca, te tragó Mamonal!; ese conjunto de seres que hemos tenido el privilegio de trabajar en la industria, de ser parte de equipos que tenemos un fin por encima de lo que el común piensa, que no es enriquecer a unos accionistas, es ser parte de la vida de otros con productos y servicios de calidad, es ser parte del empleo formal que le produce generosos ingresos al Estado y que día a día lucha por salir adelante ante las complejidades de este mundo tan cambiante, ese mundo donde la solidaridad y la empatía cobran cada vez mas importancia, generando resultados con respeto, con seguridad, con altos estándares, con imperfección propia de lo humano, pero con valores exigidos para la sostenibilidad no solo organizacional sino de la vida en la Tierra. Es un mundo de experiencias, conocimiento, aprendizaje constante, que nos llena de orgullo y compromiso, que a aquellos que somos de la época “pre corredor de carga” nos hace recordar esa vía estrecha, llena de huecos pero sin tanta congestión vehicular, como también las emociones contradictorias de sufrir la construcción y disfrutar la puesta en servicio del corredor de carga así como la de pagar el exceso de peajes a diario, pero mal que bien fue un cambio que sirvió para hacer más eficiente la logística y los tiempos de entrega y recepción y por supuesto los de desplazamiento a Cartagena. Eso es historia y hoy somos a diario los Ulises del siglo XXI en “La Odisea” para llegar y salir de las empresas, atravesando las profundas y turbulentas lagunas de Bocagrande, Centro de Convenciones y Manga o El Prado, superando los puentes de Manga a punto de colapsar con cráteres cada vez mas profundos y extensos, enfrentándonos a largas serpientes motorizadas que te aprietan lentamente y detenidas succionando tu energía, a los enjambres de motos que atacan por todos los flancos, combatiendo con los cíclopes que tratan de romper tus ventanas o el panorámico con golpes y aguas envenenadas, esquivando a las hordas de Bazurto en ataques frontales o con sus trincheras cada vez ocupando más territorio produciendo gases letales, escabulléndonos de los dragones de metal mientras los bañan en la vía u ocupan espacio público para descansar o ingresar a sus cuevas, paralizando solo con el pánico que producen, sin contar a los orcos que se atraviesan esporádicamente para obstaculizar el paso y así mas aventuras terroríficas. Hoy el dilema es, me arriesgo a dos horas en los 27 km, o una hora en los 47 km del lado de la Variante, La Cordialidad y la zona Norte, cuando antes era máximo media hora circulando. ¿Esta es la Cartagena competitiva que deseamos? ¿Así podremos salir de la pobreza extrema de la mayoría de habitantes de La Heroica? Todos los días me levanto o termino la jornada pensando en qué pasará hoy. ¿Dónde quedan la competitividad y la calidad de vida? A Ulises le tomó diez años su Odisea y la sobrevivió, espero que algún Homero escriba la gloriosa nuestra con final feliz donde la que triunfa es la Fantástica.

*Abogado y ejecutivo empresarial.

TEMAS

  NOTICIAS RECOMENDADAS