Carlos Villalba B, claro varón de Cartagena

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El reciente fallecimiento de Carlos Villalba ha significado para mí la pérdida dolorosa de un hermano, de un amigo de todas las horas, de las felices y alegres y de las adversas y tristes. Ambos nacimos en el Pie de la Popa, el histórico barrio que acogió en los días finales de su existencia al Libertador Bolívar, cuando enfermo, desilusionado de los azares e ingratitudes de la política, esperaba abordar un barco que lo llevara a Europa.

Popano, al igual que otros amigos, es también el fraternal amigo Augusto Beltrán Pareja, columnista de este diario y compadre de Carlos Villalba. Beltrán completaba el trío juvenil integrado por dos liberales y un conservador en el período del Frente Nacional. De esa época nuestro común anecdotario político podría ser materia de una amena crónica.

Carlos Villalba Bustillo heredó de sus mayores su vocación jurídica y literaria. Su padre, fue destacada figura del foro de la Costa y magistrado del Tribunal Superior de Bolívar. Fui testigo de la disciplina que adoptó Carlos para sus lecturas desde su juventud. Adquirió una rica cultura literaria, histórica y jurídica reflejada en sus varios libros.

Una de sus facetas de escritor era su temible capacidad de polemista. Desafiarlo en las lides intelectuales y políticas era una aventura peligrosa. lgual que otro escritor y polemista ilustre, Gilberto Alzate Avendaño, Carlos tenía un corazón generoso y en el ardor de la contienda comentaba en la tertulia con sus amigos cercanos, sin rencor ni odios, pero sí con ironía y humor, las banderillas colocadas y recibidas, y la estocada final sufrida por el contradictor.

Libró implacable batalla contra la corrupción y fue un convencido de la necesidad de reformar la administración de justicia. Su cultura, inteligencia y probidad lo llevaron a ocupar altos cargos académicos y judiciales que desempeñó con dignidad y eficacia. Cuando desempeñé la Gobernación de Bolívar fue mi más brillante colaborador desde la Secretaría de Hacienda.

En la fraternal intimidad y como gratísimo contertulio, Carlos brillaba por su vena humorística y su inclinación a caricaturizar situaciones y personajes locales parodiando versos de Luis Carlos López, y aficionado al tango cantaba algunos de Gardel.

Alargó su soltería hasta que encontró en Luz María Chaux la esposa ideal y su fiel compañera hasta la hora final.

Con su extraordinaria facilidad para la escritura, su pluma cultivó varios géneros, el periodismo, la historia, el derecho, la novela, la crítica literaria.

Hijo ejemplar, padre cariñoso de Julia Beatriz, hermano y amigo leal, deja como escritor una obra meritoria. Descanse en paz Carlos, claro varón de nuestra ciudad.

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