Columna


Carnavales

SOQUI RODRÍGUEZ

24 de febrero de 2024 12:00 AM

La semana pasada Barranquilla vivió sus Carnavales. Como siempre, los ‘quilleros’ se vistieron de fiesta sin importar ni la edad ni el estrato, se colocaron su mejor sonrisa y con su inagotable ganas de bailar, salieron a las calles. Disfrazarse es un arte para ellos y se esmeran en pintar sus cuerpos o cubrirlos con telas de colores y formas de personajes. Adornan su vestuario con lentejuelas, moños, sombreros y cayenas. Niños, jóvenes y adultos se ponen las más entretenidas galas para gozarse en ‘La Arenosa’ la fiesta más importante de Colombia.

Desde pequeños en las escuelas a los infantes los visten de Garabato, monocuco o negritas puloy mientras bailan recorriendo parqueaderos y calles barriales, para que vayan aprendiendo a danzar y tomándole amor a esta gran celebración. Cuando crecen, zapatean en comparsas y disfrutan de la tradición con los amigos. Durante la Guacherna, la Gran Parada o Batalla de Flores cientos de personas hermosamente ataviadas bailan al público que los aplaude con cariño, mientras disfrutan el espectáculo. A estos desfiles se unen personalidades de la farándula, políticos y gente del común. Todos bailan con una sonrisa y con una gran disposición que se mezcla con abrazos y aplausos de los que prefieren ver, que bailar. Los primeros llenan las sillas y los palcos que bordean las adornadas avenidas desde temprano. No deben perderse ni el show ni la posibilidad de que alguien conocido pase y les baile antes de tomarse una selfie. ‘El que lo vive es quien lo goza’.

Debo reconocer que admiro la forma en que los Barranquilleros quieren y atesoran su carnaval. Siento algo de envidia por la forma como han sabido convertirlo en patrimonio inmaterial, mientras lo mejoran cada año tratando de involucrar a todos los colombianos y lo han pasado de generación en generación, con respeto y cariño hacia sus reinas.

Este año más de 5,3 millones de espectadores disfrutaron de los eventos. Generaron más de 50 mil empleos directos y la ocupación hotelera superó el 80%. Carnaval SAS obtuvo utilidades por encima de lo previsto. Todo esto en beneficio de la economía de una ciudad que va volando en términos de crecimiento y modernidad. Los barranquilleros son felices, porque esta fiesta trae bienestar, diversión, plata y trabajo de forma incluyente.

No puedo evitar pensar: ¿Y que nos pasó a los cartageneros con nuestras Fiestas de Noviembre? Hace algún tiempo esas eran las más importantes de Colombia y lográbamos pegar a todos los compatriotas al televisor durante días, para no perderse ningún evento. Las jóvenes soñaban con representar a sus departamentos, al punto que a las niñas bonitas las piropeaban diciéndoles: “Deberías ser Señorita Bolívar”. Las candidatas venían con comitivas gigantes que llenaban los restaurantes y no había disponibilidad en los hoteles. ¿En qué momento perdimos la motivación por apoyar nuestra cultura e impulsar un evento que era tradición, inclusión y un gran exponente de la ciudad?

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