Columna


Carreteras infernales

HORACIO DEL CASTILLO RESTREPO

17 de octubre de 2021 12:00 AM

Nada más cierto pues en eso se han convertido las carreteras del centro de Bolívar y parte de Sucre. Jamás se sabe qué va a suceder cuando se viaja pues los bloqueos suceden casi a diario y sin aviso. Aún cuando hay leyes que penalizan con cárcel a quienes osen bloquear una vía, estas terminan en letra muerta como casi todo en este país donde la autoridad se desvanece a pasos agigantados y el marco jurídico parece confeccionado a la medida de los criminales y los que no tienen ninguna consideración por sus semejantes.

La perversa costumbre que han adoptado algunas comunidades de bloquear cualquier vía para reclamar sus derechos es inadmisible. Indigna ver cómo un puñado de personas arbitrariamente violan todos los derechos de miles en una carretera mientras son observados por un piquete de policías que más bien no deberían estar allí porque se convierten en testimonio de su inoperancia ante semejante atropello, haciendo el ridículo mientras la gente desesperada bajo un sol inclemente tiene que soportar el desafuero de unos pocos sin que nada les suceda. El bloqueo de una vía es un acto violento, es un secuestro ¨express¨ con todos sus agravantes y es allí donde el Estado debe actuar para que con toda la fuerza de la ley entre a garantizar los derechos de los inocentes viajeros que nada tienen ver con las pretensiones de cualquier comunidad, no importa cual valederas sean.

Hay muchas maneras de protestar sin causar daño a los demás, pero lo que sucede en las carreteras está diseñado para causar el máximo daño a todos los que pasan por allí. En una semana algunos ciudadanos de San Basilio protagonizaron dos monumentales bloqueos, los días 5 y 8 de octubre, con varias horas de duración, pues pretenden que se les construya un polideportivo y por eso deciden victimizar a todos los viajeros en un grosero chantaje. ¡Inaudito! A esto hay que agregar el siguiente abuso que el agredido viajero tiene que sufrir después de un prolongado martirio cuando de nuevo se le somete a una larga cola que se extiende por kilómetros mientras se llega al peaje de Sincerín, donde se supone se deben levantar las talanqueras después de una cola de 20 carros, pero no: les importa un carajo que uno tenga que demorarse una o dos horas más para pagar. ¡Igual de desconsiderados!

Pero lo más aterrador sucede cuando un vehículo se accidenta y al minuto llegan hordas a saquear como si eso se tratase de un botín de guerra, se han oído historias de conductores aprisionados y agonizantes clamando por ayuda mientras los saqueadores miran para otro lado. Para aquellos que piensan que lo peor está en el África pobre y anárquica, siento decirles que acá estamos peor o igual.

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